LA RUTA DEL MIEDO 2011

02.12.2011

 

LA RUTA DEL MIEDO

 

8h00 am. Hora ZULÚ.

 

Llegó el momento, no hay vuelta atrás. Con un nudo en la garganta y temblor en las piernas da comienzo la ruta “Por la España Misteriosa”, también llamada “Pacagalse 2011” para los amigos. Las piernas parecen adelantar lo que sentirá el resto del cuerpo cuando me enfrente a mis miedos y a los lugares maditos que visitaré. ¿O no?, eso lo comprobaré hoy mismo en el túnel de La Engaña, primer lugar encantado de la lista.

Me siento como el soldado que pasa ocioso, sin ninguna distracción que abstraiga su mente del miedo, las últimas horas antes de entrar por primera vez en combate. Ese soldado tiene una gran ventaja sobre mí, conoce a su enemigo, puede ver a quien se enfrenta. Yo no, mi enemigo es invisible, etéreo, imprevisible, tengo que estar alerta, los seis sentidos activados, en cualquier momento puede atacarme.

Llueve, cómplice de mi temor, el cielo llora. No es la primera vez que veo llover, pero en esta ocasión parece un mal augurio. No lo pienso más, doy al botón de arranque, un par de acelerones para que mi compañera inseparable, la Derbi Terra Adventure, suelte los nervios y emprendemos la marcha que concluirá en el más allá.

 

Encima de la moto hace mucho frío, el viento, la lluvia y la niebla no ayudan mucho a entrar en calor. En ningún momento de las doce horas que estaré sobre la Derbi me darán tregua.

Bajo un fuerte aguacero paso por Reinosa, muy cerca, a escasos kilómetros quiero hacer una parada en lo que podría llamar “mi pueblo”, en Retortillo. Pequeño y tranquilo, parece el típico pueblo de montaña aislado y remoto rodeado de verdes paisajes, pero no lo es, la ciudad está próxima. Este pueblo, casi una aldea, o más bien su nombre es muy importante para mi, es el apellido que llevo con tanto orgullo. Representa todo lo mío, mi esencia, mi sangre, mi historia. No es nada común, somos muy pocos los que podemos presumir de ello, no más de unos pocos cientos en toda España.



Las ganas por llegar a Retortillo, hacen que olvide que después de 260 kilómetros, hace 20 que entró la reserva, la burrita pide algo para beber, si no quiero arriesgarme a quedarme tirado, no me queda más cachabas que volver a Reinosa para repostar.

La lluvia arrecia,  bordeo el embalse del Ebro por la carretera  que transcurre por el norte del mismo, la densa niebla no me deja observarle ni siquiera un instante.

Afronto el puerto del Escudo con mucha precaución, la visibilidad es nula y la lluvia, lejos de cesar, gana fuerza según asciendo los 1011m de altitud de este puerto, uno de los pasos principales entre la costa y la meseta desde tiempos remotos. Es increible que a pesar de las condiciones climatológicas pueda disfrutar tanto con la Terra.

Pocos kilómetros más adelante abandono la N-623 en Entrambasmestas, giro al oeste dirección Vega de Pas. Una parada para tomar algo caliente en Vega, aprovecho para preguntar como llegar hasta el túnel abandonado de la Engaña, pero las indicaciones del hombre que atiende el bar no me aclaran gran cosa. Tomo la carretera que sube hacia el puerto de Estacas de Trueba y como a unos 4-5 kms me desvío a la derecha por algo a lo que no se puede llamar carretera, no estoy nada seguro de que sea la correcta, desciende al fondo del valle para volver a ascender en la otra ladera. El amago de asfalto, se convierte en tierra, barro, muchísimo barro, piedras.

Recorro con mucha dificultad por el estado de la pista varios kilómetros y cuando iba a tirar la toalla entre la vegetación que intenta estrechar aun más el camino, diviso la entrada a un túnel, contrariado compruebo que no es el que busco, decido continuar unos metros más, otro túnel, otro chasco. No me doy por vencido, tengo que encontrarlo, unos segundos después, por fin lo que parece el deseado túnel de La Engaña……………… entro y de nuevo desilusión, se atisba luz al final. Paro y pienso que hacer, decido darme una oportunidad más, salir de allí supondría el rendirme y empezar muy mal este viaje fallando el primer objetivo. No tengo que esperar mucho para, esta vez si, estar a  resguardo de la intensa lluvia en la boca de los siete kilómetros del túnel que nunca llegó a utilizarse.


Su construcción comenzó en 1942 utilizando como mano de obra a republicanos y presos políticos del franquismo, muchos perdieron la vida y la mayoría sufrió la silicosis como consecuencia de las indecentes condiciones en las que trabajaban. Proyectado para unir por ferrocarril el Cantábrico con el Mediterráneo, se desestimó, años después, su viabilidad quedando abandonado y condenado al mal trato del paso de los años.

Desde entonces muchos son los que dicen que las almas de los que allí perecieron vagan por la oscuridad de sus siete kilómetros. Eso es a lo que he venido hasta aquí, a comprobar  si es cierto.


Me refugio de la intensa lluvia en la entrada del túnel, preparo la cámara de fotos, la de video y la mini del casco, para esta última no tengo soporte y tengo que improvisar en superficies aptas para alojarlo, ver foto.

Miro una última vez hacia fuera y me enfrento a la oscuridad. Avanzo, al principio por terreno encharcado y empedrado, y a partir de unos trescientos metros sobre una fina capa de arena, hay polvo en suspensión que hace más fantasmal el ambiente, poco a poco el punto de luz de la salida va empequeñeciendo hasta desaparecer.

2300 metros en el interior paro para SENTIR, espero tranquilo a que pase algo, no se el que, pero algo.

Al contrario de otras personas que cuentan encontrar desasosiego y angustia en este lugar, yo me siento bien, tranquilo, no percibo malas vibraciones. Me entretengo haciendo fotos con trípode y con mando a distancia, pero en la primera ocurre algo extraño, cuando compruebo el resultado de la foto veo que detrás de mi, donde no debería haber nada observo algo iluminado, una mancha. Enciendo la linterna buscando en la pared algo que lo explique, pero no hay nada. Vuelvo a mirar detenidamente la foto, la amplio y por unos segundos casi se me para el corazón…………… es una cara, un rostro girado.

Imaginaos todo esto, solo, en la más absoluta oscuridad y por unos instantes veo la cara de alguien donde no tiene que haber nadie. Por suerte, esta situación dura unos pocos segundos, una jugada caprichosa de la lente de la cámara o vete a saber que extraño efecto luminoso hace que sea mi propia cara la de la visión espectral.

Me río, disfruto de ese momento de fuertes sensaciones y decido seguir a pie unos centenares de metros más hacia el interior.

La imagen del recuadro está editada, girada para que se vea mejor, pertenece a la cara que apareció en el lado derecho

Dos horas después vuelvo a la luz desde la otra dimensión con la sensación de que en este lugar no hay nada extraño, nada paranormal, solamente pura y dura sugestión. En ningún momento he sentido mal rollo, ni presencias ni nada por el estilo. Mi primer objetivo en esta ruta por el misterio  está cumplido.

Son las 17h30 cuando salgo del túnel, queda un débil resto de luz, el cielo encapotado y la espesa vegetación entre montañas adelantan la noche. Esquivando pozas de barro, charcos y piedras desando el camino hacia Vega de Pas, no sin antes hacer una parada en la estación de tren abandonada.

Los 180 kilómetros que restan hasta Vitoria, donde haré noche, les haré bajo la lluvia, compañera fiel durante todo el día y detrás del haz de luz de mi Derbi.

 

Hoy 450 kilómetros por carreteras de montaña, ninguna incidencia en la Derbi. Consumo 3,6 l/100. 11 horas encima de la moto.

 

Gracias a Raúl y Úrsula por acompañarme durante la cena, es un verdadero tesoro tener amigos allá por donde voy.

 

 

03-12-2011

 

 

RUTA  DEL MIEDO 2º día

 

Puestos a buscar el misterio allá donde sea necesario,  hoy me ocurre algo muy extraño, casi inexplicable, por primera vez en mi vida me quedo dormido, se me pegan las sábanas, no se como interpretar este hecho, ¿será una señal?. Solo puedo imaginar una explicación posible, un “visitante de dormitorio”, como llaman a las entidades que entran en las alcobas por las noches………. haya quitado la alarma del reloj.

En diciembre el sol se vuelve perezoso, baja el ritmo de trabajo y reduce las horas de su jornada laboral. Esa pereza me obliga a salir de Vitoria como alma que lleva el diablo, nunca mejor dicho, ni siquiera me paro a desayunar, no tengo tiempo que perder.

Tan solo catorce kilómetros me separan de Ochate, en el condado de Treviño. Algunos recordareis la ruta de los pueblos malditos que hice el verano pasado (www.dondevasconesamoto.com), pasé la noche solo, dentro de un saco de dormir junto al torreón maldito. En aquella ocasión llegué anocheciendo y no pude subir hasta la iglesia y el cementerio infantil situados en lo alto de un monte cercano, esta vez el templo abandonado sería el objetivo. Pero antes pongo en antecedentes acerca de este lugar.



 

Hace aproximadamente 140 años, Ochate quedó abandonado, a lo largo de una década su población fue aniquilada por una serie de epidemias, que según relatan no afectaron a las poblaciones vecinas.

Como todo lugar abandonado, rápidamente el misterio se apoderó de Ochate, extrañas desapariciones, muchos relatos de apariciones fantasmales, avistamientos ovni, grabaciones de voces supuestamente del más allá ya se han convertido en habituales en la zona.

Sicofonia captada mientras grababa un video en el torreón de Ochate, más abajo hay otra.

Llegar hasta lo que queda del pueblo no es fácil, no hay carretera, solamente una pista, que acaba convirtiéndose en un sendero en malas condiciones por las fuertes lluvias de días anteriores, es la única vía de acceso.

El barro y las profundas roderas de los tractores complican la subida, gracias a la manejabilidad de la burrita no acabé con mis huesos en el barro.

Desde el torreón y los pocos muros de las viviendas de piedra que permanecen en pie hasta la iglesia, hay unos diez minutos de ascensión por un estrecho camino. De la iglesia se han derrumbado el pórtico y todo el techo. Cruces invertidas y símbolos satánicos “adornan” los restos del antiguo templo.

No siento miedos, inquietudes o nerviosismo, al contrario, si no conociera la oscura historia del lugar me parecería ideal para pasear. Hago fotos y grabo videos con la lejana esperanza de que en alguna imagen algo o alguien se manifieste, pero tampoco hay suerte. Este objetivo del viaje se queda, por lo menos para mi, en el lado de la razón, de lo normal.


La sicofonía del video anterior descifrada, estad muy atentos al importante mensaje.

La burrita, impaciente, casi cabreada diría yo, espera al otro lado del barranco que ha impedido que ella me acompañe en esta excursión al más allá …………. del barranco. Furiosa, arranca como un pura sangre, descendemos la pista embarrada hasta Imiruri. Dirección sur, entre viñedos, atravesamos  La Rioja Alavesa, curvas y más curvas sobre buen asfalto convierten la conducción en un placer casi sexual. Estas carreteras secundarias son el hábitat natural de la Terra, en ellas, la Burrita se divierte y me hace disfrutar.

En el sur de Navarra, en Cintruénigo, mi amigo Matías se suma, por unas horas a la ruta del miedo. Es una de las personas con mayor espíritu viajero que conozco, es una delicia compartir kilómetros con él.

Pasamos Logroño por la N-232 hasta tomar rumbo sur hacia Arnedo. Antes de dirigirnos hacia el principal destino de la etapa de hoy, la habitación 510 en Zaragoza, tenemos tiempo de buscar el abandonado sanatorio de Agramonte en las faldas del Moncayo.

A la entrada de una población situada pocos kms antes de llegar al sanatorio, encuentro una de esas señales que no sabes como interpretar, me llama tanto la atención que necesito parar para pensarme bien si seguir adelante en esta búsqueda del misterio. Una gran señal a la entrada de un pueblo me dice “NOVALLAS”. Me tomo unos segundos para meditar sobre la advertencia y llego a la conclusión de que si realmente el mensaje desde otra dimensión fuera real, no cometerían tal falta de ortografía, por lo que tomo la decisión de continuar adelante.

Desde Vera de Moncayo, con las últimas luces del día ascendemos por una estrecha y serpenteante carretera entre bosques caducos que hacen más tétrico el camino, pronto llegamos frente al sanatorio, una verja con la puerta abierta nos invita a entrar, a pesar de las señales prohibiendo el acceso. La apariencia es realmente lúgubre, al igual que el resto de objetivos de la ruta, los fenómenos paranormales son parte de su leyenda.

Un primer vistazo a la planta baja, está muy oscuro y se hacen necesarios una linterna  y un casco para protegernos de los posibles desprendimientos de los techos, en el exterior una gran pintada advierte del peligro de derrumbe. Cuando vuelvo por una linterna me encuentro con una aparición terrorífica, siento el miedo, un miedo real, mi cuerpo se estremece y mi vello se eriza, dos figuras estáticas me miran fijamente desde el otro lado de la puerta de la verja. Son tan solo unos segundos, pero me parecen una vida entera, no soy capaz de reaccionar y es entonces cuando escucho una voz que sale de dentro de una de las figuras, “qué hacéis ahí” nos dice con voz ronca, casi de ultratumba. Tardo en encontrar las palabras con las que contestar, la boca se me seca como si de repente me encontrara perdido en medio del desierto del Sahara, con voz temblorosa acierto a decir que no era nuestra intención la de entrar, que solamente queríamos hacer unas fotos.

Los espectros llevan ropajes verdes y van armados, cosa que me extraña viniendo del más allá, en el momento que nos piden la documentación por fin nos damos cuenta de que es la Guardia Civil. Ya con un tono amistoso nos cuentan que recientemente un tal Iker Jiménez estuvo grabando un reportaje del sanatorio para Televisión.

A la pregunta de si pasan cosas dentro, cuentan que los únicos fantasmas que moran el sanatorio son los que cada fin de semana acuden a curiosear y que en ocasiones se pierden en los laberintos de los sótanos y acaban por  llamar al 112 para que les rescaten. Una breve despedida y tal como llegaron desaparecieron.

Descendemos por una pista forestal en un estado horroroso y que baja directa a Trasmoz, de noche por sus estrechas y oscuras calles subimos hasta la puerta del castillo, lugar de brujas y akelarres.

Ya no hay excusas, la habitación 510 espera, en menos de una hora comprobaré la veracidad de los testimonios de las personas que pasaron la noche entre sus paredes y contaron que nada bueno albergaba esa estancia. Atentos.

 

HABITACIÓN 510

 

NO CREO

 

No creo nada en estos temas ocultos, quizás por eso me he atrevido a emprender esta búsqueda de lugares malditos. Aún así, tengo que admitir que siento cierto nerviosismo e intranquilidad camino de la habitación 510 del antiguo hotel Corona de Aragón. Los setenta kilómetros que hay desde el pueblo de brujas de Trasmoz hasta Zaragoza les paso imaginándome el momento en el que tenga que entrar en la estancia ¿encantada?.

Aparco la burrita frente a la entrada del hotel, en la actualidad el Meliá Zaragoza. A pesar de la profunda remodelación que sufrió el edificio tras el incendio del año 1979, cuando era El Corona de Aragón, la numeración de las habitaciones se mantienen.

 

El 12 de julio de 1979, un devastador incendio acaba con la vida de 78 personas que murieron calcinadas o asfixiadas. Este dantesco suceso tuvo un seguimiento en directo por la televisión de la época. La viuda e hijos de Franco, junto a su séquito y un gran número de militares estaban alojados en el hotel ese día. Nunca se demostró, pero se sospecha que fue un atentado de ETA en un intento por acabar con la vida de la familia del dictador.

Escenas de pánico y horror se vivieron en las dependencias del hotel. Dicen que en los lugares donde ocurren este tipo de tragedias las almas y espíritus de los fallecidos quedan atrapadas impregnando las paredes del lugar, manifestándose después de diversas maneras causando terror en los vivos que por allí pasen.

Decenas de testimonios relatando experiencias aterradoras vividas en el hotel y especialmente en la habitación 510, donde pasé la noche con el fin de comprobar en primera persona qué de ciertas tienen todas esas historias, resultan  fáciles de encontrar.

Insisto, no creo. Pero reconozco que según avanzo por el larguísimo pasillo en busca de la puerta 510, un escalofrío recorre mi cuerpo. Dejo las maletas, el casco y los guantes en el suelo, permanezco inmóvil durante unos instantes, que parecen minutos, mirando el ovalado cartel de tres cifras, que una por una no dicen nada especial, pero todas juntas, 510, hoy adquieren un significado difícil de explicar.

Meto la tarjeta/llave, me cuesta varios intentos, es como si mi ángel de la guarda quisiera evitar lo inevitable, pero llegado hasta aquí no puedo echarme atrás,

La puerta, lentamente, se abre ella sola, como si tuviera un resorte. No puedo ver nada, hasta que no introduzca de nuevo la tarjeta las luces no se encenderán. Permanecer a oscuras en la entrada de la suite me provoca un nuevo escalofrío, me doy prisa en meter la llave para que de una vez por todas las luces me muestren el lugar donde tengo que pasar las próximas horas.

En mi mente me repito “venga valiente, esto no es nada para ti”, mi escepticismo lucha por ganarle la batalla al temor que la sugestión provoca. Registro todos los rincones, primero el baño, el pasillo, los armarios roperos y la habitación. Con todas las lámparas encendidas la estancia todavía queda con una iluminación pobre, un enorme espejo hace de cabecero, otro con marco labrado de madera está colgado en el centro, en la pared de enfrente otro espejo más. Cada movimiento que hago, es repetido por infinitos gemelos míos, cada gesto que hago provoca una sensación de que algo se mueve en mi reojo, realmente los espejos no ayudan a que la habitación tenga un ambiente más acogedor y tranquiliador.

Me repito una y otra vez, “tranquilo, aquí no pasa nada, si no crees no tienes nada que temer”, pero por el momento vigilo todo a mi alrededor. No llevo ni quince minutos en la 510 cuando llaman a la puerta……¿quién puede ser? me pregunto, me dirijo a la puerta, abro y ………………….como en un guión de película de terror, allí no hay nadie. ¿Qué debo pensar?, me niego a tomarlo como una manifestación del más allá. La mejor y única explicación que me viene a la cabeza es que algún trabajador del hotel, sabiendo que un pringao venía a pasar la noche en esta habitación para contar lo que le pase, ha querido gastar una broma.

Decido aplazar mis miedos hasta después de cenar, ya tendré tiempo de continuar experimentando sensaciones en un lugar tan especial como esta 510. Me esperan Matías, Sergio y Belén, mis amigos, que me harán compañía hasta que llegue la hora de, definitivamente, ir a dormir.

Con el estómago lleno y recuperado el ánimo, me despido de mis anfitriones. La casualidad hace que vuelva a la habitación exactamente a medianoche. No se que ha cambiado en mi, pero en esta segunda entrada ya no tengo la sugestión  de la primera, los nervios han desaparecido, debe ser que la digestión de la copiosa cena necesita tanta sangre que junto al sueño y cansancio de un día tan intenso, anestesian mis sentidos. No siento ninguna mala sensación.

 

Me entretengo y dejo pasar el tiempo conectado al Facebook comentando con mis amigos lo que experimento allí solo.

Pasan los minutos, las horas, en este lugar NO OCURRE NADA, mis primeros temores han desaparecido por completo, incluso me divierto con los que desde Facebook, con sus comentarios intentan meterme el miedo en el cuerpo.

Conectado a facebook, fijaos en el punto sexy que dan los calcetines.

Miro el reloj, son las cuatro de la madrugada, va siendo hora de intentar dormir un poco, mañana me esperan 700 kms de ruta en moto.

Bajo las sábanas, recuerdo algunas de las experiencias que se pueden leer de gente que cuenta que al cerrar los ojos sintieron presencias sobre ellos, o la sensación de que alguien se sentaba a los pies de la cama.

Con cierta incertidumbre cierro los ojos y espero……………………..sigo esperando……………….por suerte para mi, nada ni nadie me encuentra lo suficientemente atractivo como para hacerme una visita, ni siquiera los espíritus quieren irse a la cama conmigo. Tenía la vaga esperanza de que algún fantasma de una tía buena del más allá quisiera poseerme, pero la historia se repite, no me he comido nunca un rosco con las del más acá y parece que tampoco con las del más allá.

Aburrido de esperar acontecimientos mis párpados se dejan vencer por el sueño. Cuatro horas después la alentadora luz de la mañana entra por la ventana, encuentro todo tal como lo dejé, nada se ha movido, las luces continúan encendidas. Si alguien o algo ha pasado por aquí ha tenido la educación de no despertarme , gesto que agradezco.

 

No estoy decepcionado, al contrario, no esperaba ver nada extraño, estoy satisfecho de haber vencido al miedo provocado por la sugestión, que, en mi opinión es lo único anormal que ocurre en estos sitios supuestamente malditos. Nuestra mente influida por nosotros mismos es capaz de hacernos ver lo que no existe, como digo yo “quién quiere ver algo, acaba viéndolo” y eso no es otra cosa que pura sugestión.

 

OTRO OBJETIVO CUMPLIDO, EN LA 510 NO PASA NADA.

 

Quiero dar las gracias a la dirección del hotel Meliá Zaragoza por las facilidades que me dieron para disponer de la 510.

 

Un besico para Claudia y Yolanda.

 

04-12-2011

 

LA RUTA DEL MIEDO III

LA MUSSARA

 

He pasado la prueba, el reto que me planteé cuando se me ocurrió esta idea de ir detrás del miedo en moto. El pasar una noche en una habitación con el calificativo de “maldita” para unos es una tontería, una locura sin sentido y para otros, más creyentes en lo oculto, una temeridad, pero para mi se ha convertido en una experiencia muy especial. Y de lo que estoy seguro es de que lo recordaré siempre, cuando me vuelva un abuelo cebolleta tendré otra batallita para contar.

El día amanece optimista, alegre, se agradece la intensidad de la luz de la mañana después de una noche prácticamente en penumbra. La temperatura es fresca, no molesta y es que estos días con “sol de invierno” me encantan.

Lo primero que hago al levantarme, para tranquilizarme, es mirar por las ventanas de la 510, para comprobar que la Burrita está donde la dejé hace doce horas. Este es un gesto inconsciente, casi un reflejo, que hacemos todos los que viajamos en moto, y es consecuencia de la preocupación por nuestra montura, no tanto por su valor económico que pueda tener, que también, si no por el sentimental. Si algún día un mal nacido me la robara en lo primero que pensaría no sería en el dinero, sentiría que me han quitado un bien muy preciado, una compañera, casi una amante, pensadlo ¿con quién nos vamos cuando dejamos a nuestra pareja en casa? Adquieren personalidad y hasta un nombre, no conozco a ningún viajero que no le haya puesto uno a su moto.

Salir de Zaragoza no resulta fácil, la capital maña está patas arriba por esa última moda de algunos alcaldes por pasar a la historia de la ciudad de turno, por ser el que puso en marcha el tranvía, gastándose un dinero que no tienen en estos tiempos de aguda crisis.

¿Bonito?, si, ¿romántico?, también, ¿útil? en unos sitios más que en otros, pero en todos, caro, carísimo.

 

Los primeros kilómetros del día en la N-II, esquivo Los Monegros por el sur hasta Bujaraloz.. Enfrento de cara al impetuoso viento, como lo haría un torero frente al toro o el barco a la ola. A partir de Bujaraloz, con rumbo sur, el viento se convierte en un enemigo violento empeñado en golpearme con el puño en el costado. Es realmente difícil conservar “la verticalidad”.

En Caspe, pierdo unos minutos buscando las motos de la policía municipal, el alcalde o el responsable de tráfico, hace un tiempo demostraron tener un buen criterio a la hora de elegir el modelo de moto para sus patrullas sobre dos ruedas, eligiendo a varias hermanas de mi Burrita, la Derbi Terra Adventure. No me las encuentro, una pena.

Después de bastantes kilómetros de largas rectas y llanuras, el terreno se pliega formando pequeñas montañas que el asfalto tiene que esquivar describiendo curvas, subidas y bajadas. La monotonía se transforma en diversión.

Maella es el último pueblo de Aragón antes de entrar en Cataluña por la 221, cruzo Batea, Gandesa y Mora de Ebro. En esta localidad que ve pasar al río más caudaloso de la península hago una parada para saludar a mis buenos amigos Rosa y Grau.

Después de las fuertes emociones de los dos primeros días de esta Ruta del Miedo, hoy me pongo como único objetivo misterioso, el abandonado pueblo de La Mussara, en Tarragona. Pero antes le daré gusto a La Burrita, que se lo merece, en las carreteras del Priorat y el parque natural del Montsant.

Hoy quiero, necesito dedicarle mucho tiempo a la moto, no conocía esta zona y puedo decir, después de rodar por sus carreteras, que es uno de los mejores lugares para ello, he alucinado con los paisajes y disfrutado hasta el orgasmo de los cientos de curvas de todo tipo con un asfalto perfecto.

La zona de Siurana, en el Montsant, es una de esas maravillas con las que nos sorprende la naturaleza. Densos bosques, paredes verticales de diversos tonos y colores, un paraíso para los escaladores que abarrotan las vías de escalada y las cunetas con sus furgonetas.

Subo hacia Siurana, es superior a mis fuerzas, no puedo evitar parar en cada quiebro de asfalto para hacer una foto, las vistas mejoran según asciendo. No tardo en llegar al final de la carretera, muchos vehículos aparcados en la entrada del precioso pueblo peatonal y  sus calles empedradas, encaramado en lo alto de la montaña, asomado al borde de una peña, como si de un balcón se tratase.

Siurana es de esos sitios, que algunos les llaman de poder, donde se percibe algo especial, no se explicar el qué, pero realmente es un lugar que te maravilla.

No sabía de la existencia de este enclave, me lo he encontrado por sorpresa en mi afán por perderme por estos parajes.


El plan para hoy era llegar lo más cerca posible de Requena (Valencia), pero me temo, que perderme en este parque natural se ha comido el tiempo, calculo que tendré que buscar un hotel donde dormir en las cercanías de Castellón.

 

Cerca de Siurana se encuentra el objetivo misterioso de hoy. Dentro del término municipal de Vila Plana, se encuentra La Mussara, un pueblo abandonado desde el año 1956 famoso por su belleza paisajística, sus vías de escalada y sobre todo por los misterios que le rodean.

En la actualidad quedan solamente las ruinas de unas pocas casas y la iglesia de San Isidro, en cuyo interior hay muestras de que algún tipo de ritual ha sido practicado. A pocos metros del pueblo hay un caserío junto al cual, se comenta, hay una piedra de gran tamaño que todo aquél que la sobrepasa va a parar a la Villa del Seis, un siniestro lugar que está en otra dimensión. Y es que en este lugar se han producido misteriosas desapariciones que a día de hoy no se les ha encontrado explicación. Ni que decir tiene que el número seis ya nos sugiere algo diabólico. También se encuentran relatos de avistamientos ovni en la zona, así como de alteraciones electromagnéticas que afectan a aparatos electrónicos.

El entorno de La Mussara y las vistas, espectaculares no me hacen pensar en que aquí habite la maldad, todo lo contrario. Desconozco cual fue la causa por la que fue definitivamente abandonado, pero el sitio es alucinante.

Delante de la puerta de cada casa hay un pequeño poste con una foto de cómo era antes de ser abandonada, estas fotos antiguas parecen querer dar vida a lo que ya no la tiene, son como un viaje al pasado. Hace no muchos años me aburrían, lo antiguo no me interesaba, era como si no fueran conmigo, pero ahora me llaman mucho la atención, será un síntoma de que van pasando los años y lo que antes no me importaba, ahora cobra un significado, un valor , el valor de los recuerdos.


La iglesia está en muy mal estado de conservación, perdió el tejado y partes de algunas pequeñas bóvedas, de hecho, toda la estructura está apuntalada para mantenerla en pie.

Una puerta de aluminio intenta, sin conseguirlo, impedir el acceso al interior del templo, alguna mala bestia la ha plegado y arrancado de su sitio. En el exterior, en un lateral, quedan restos de un pequeño cementerio en el que todavía se pueden ver algunas cruces.

Antes de que la oscuridad se apodere de todos los rincones de esta aldea voy al sitio más especial de La Mussara, Junto a una de las viviendas y al borde de un precipicio hay una piedra con el número seis grabado. La leyenda dice que si la pisas te transporta a la Villa del seis, un lugar maldito en otra dimensión. Hay un refrán que dice “la curiosidad mató al gato” y yo soy ese gato, no me puedo resistir, tengo que probar si es cierta esa leyenda. Me subo, la piso, me siento encima, que quedo un rato agarrado a ella, pero nada, si he pasado a otra dimensión es igual a la nuestra.


Sobre la piedra, permanezco sentado con las piernas colgando en el vacío, maravillado por el paisaje que tengo frente a mi, la sierra del Montsant, la costa mediterránea con Reus debajo en primer plano, Tarragona detrás y el mar como horizonte al fondo.

Espero hasta que el último coche de curiosos abandona el pueblo. Ya es de noche. Si en La Mussara existen los fantasmas o los espíritus, estoy seguro que serán buenos, en este lugar no cabe lo maligno, es demasiado bonito para estar maldito.

Aun así quiero pasar unos minutos dentro de la iglesia  y el cementerio a solas, no tengo miedo, si algo o alguien se manifiesta no será terrorífico, de eso estoy seguro. Espero alrededor de 40 minutos durante los cuales no ocurre absolutamente nada. Decido dar por concluido y cerrado el caso de La Mussara. AQUÍ TAMPOCO PASA NADA.


Arranco la moto y desciendo hacia la costa, el hacerlo de noche le da un plus de diversión y emoción. Curvas y más curvas hasta llegar al mar cerca de Cambrils, Apenas hay tráfico en la N-340 que transcurre al borde del mar, cerca de Oropesa (Castellón) veo un establecimiento de la cadena de hoteles “Cutrotel”, paro para preguntar y aunque la habitación es mucho más terrorífica que la 510, es muy barata y al menos está limpia, me quedo.

 

Por la noche, conectado a Facebook, descubro por mis primos que tengo una relación más estrecha con La Mussara que la de una simple visita en busca de misterios y leyendas. Sabía que mi tío Sebas era de algún pueblo de las sierras cercanas a Reus, pero nunca imaginé que era de Vilaplana (término municipal al que pertenece La Mussara), incluso mi primo Sergi desde hace unos meses está viviendo allí, me da rabia haber estado tan cerca y no saberlo. Y no queda ahí la cosa, también mi amigo Jordi y su familia es de Vilaplana, detalle que desconocía, y es más, una tía suya vivió en La Mussara.

Mis amigos se cachondean de mi porque siempre estoy diciendo que tengo familia en todas partes, y es que es verdad, jajajajaja!!!!!!!

 

Hoy más de 600 kms, todo el día encima de la moto, consumo 3,5 litros/100km. Incidencias mecánicas:ninguna.

 

05 y 06-12-2011

 

                                             EL DESENLACE


Me levanto a la misma hora que el sol. A través de las ventanas de la habitación del cutrotel, puedo ver al astro rey asomar la nariz por encima del Mediterráneo. El mar está tranquilo, solo faltan unos patos para parecer un estanque.

Desayuno rápidamente, como siempre, entre decenas de camioneros de todas las nacionalidades. Mi Derbi ha dormido plácidamente en un almacén entre miles de botellas de aceite de girasol. Llegar hasta ella no resulta fácil, el camino se convierte en un laberinto de pasillos formados por los camiones estacionados en el inmenso parking, perfectamente podría ser una escena de alguna película de Hitschcock o Stephen King.


Qué gran invento las maletas, sería exagerado decir que me ha cambiado la vida, pero casi,¡¡jejejeje!! Antes debía dedicar alrededor de 20 minutos a la tarea de colocar el equipaje y ahora en tres clicks se termina la faena.
Con todo preparado, me subo a La Burrita, no necesito azuzarle, ni chistarle para que se ponga en marcha, es muy buena, nada terca, con un simple toque al botón de arranque y un poquito de gas pone en marcha su pequeño pero frenético corazón.

Como vidente no tengo precio, decidí darme este madrugón con el fin de evitar el tráfico al circular por las rondas de la capital de la comunidad valenciana dirección a Requena, pero como adivino soy un fraude, literalmente me como la hora punta de entrada a los puestos de trabajo.
Consigo llegar a la A-3 dejando Valencia y el sol a mi espalda, en pocos minutos paso a la altura del circuito de Cheste, no he estado nunca, ya va siendo hora, me hago la promesa de que el año que viene habrá que hacer una escapada al Gran Premio de la Comunitat Valenciana.
Ya en Requena salgo de la autovía buscando una carretera secundaria que me lleve a Los Ruices. La Cornudilla no anda lejos, pero tengo que preguntar, ya que, el asfalto también se olvidó de este pueblo abandonado. Un hombre amabilísimo me indica perfectamente el camino que debo tomar, son cuatro kilómetros de pista de tierra.

Un hondo suspiro melancólico se me escapa, llevo un año sin salir del negro alquitrán, me digo: esta situación no puede continuar. En los pocos minutos que tardo en recorrer los cuatro kms me da tiempo para decidir que mis próximas rutas serán off road, ya os contaré.
Mis inicios, mi inspiración, mi motivación viene del Dakar. Era un mocoso de once años cuando por primera vez oí hablar de esa maravillosa aventura por el continente africano, si no recuerdo mal se disputaba la segunda edición del rally en el año 1980.
A costa de dormirme  la mañana siguiente en el cole, me quedaba escuchando hasta la una y media de la madrugada el programa de radio de José María García, que era cuando conectaba con algún enviado especial, tan perdido como muchos de los participantes, que contaba las peripecias de los locos que se atrevían a atravesar en moto el hostil desierto del Sahara. Debajo de las sábanas, entonces, ya soñaba con algún día imitar tamaña gesta.

Por terreno ondulado, entre viñedos y olivos, llego a lo que parecen las ruinas de varias casas, no paro, continúo hasta el final. No se si era muy pequeño o que el tiempo hizo estragos en los restos, no hay más de diez o doce casas que conserven algún muro en pie. Me detengo junto a la única que permanece con cierta apariencia de vivienda habitable, pero es un espejismo, está hecha una ruina.


El misterio de La Cornudilla habla sobre extraordinarios fenómenos paranormales, principalmente poltergeist. En los años cincuenta, los cuarenta habitantes abandonaron el pueblo aterrados por dichos fenómenos, estos hechos se daban de una manera más acentuada en la que llamaron “la casa de los ruidos”, según cuentan la casa prácticamente hablaba.
Cuando me documenté para dar contenido a esta ruta del miedo, me llamó especialmente la atención esta historia. Ya sabéis que no me creo nada, pero si damos credibilidad al dato en el que dicen que los cuarenta habitantes abandonaron el pueblo, solo puedo preguntarme que pudo ocurrir para que dejaran sus casas, sus recuerdos, el lugar donde nacieron.
Me la juego al entrar en la única casa que conserva las cuatro paredes, y no es una exageración, tengo la sensación de que el techo va a caer sobre mi en cualquier momento, las vigas están quebradas y a duras penas soportan el peso de los escombros del tejado. Hago unas fotos y salgo de allí antes de acabar sepultado, cosa que no me apetece, la verdad.


El viento sopla fuerte, los silbidos que provoca al atravesar los huecos y ventanas consiguen tapar los crujidos de la débil estructura. Un sonido lejano interrumpe la extraña sinfonía, proviene del motor de un 4X4 de color verde, parece la Guardia Civil, para a pocos metros de mi, no es la benemérita. Reconozco a la persona que me dio las indicaciones para llegar a La Cornudilla. El hombre está preocupado por si había sido capaz de encontrar el lugar.
Tengo la cámara colocada en el trípode apuntando hacia nosotros a medio metro del suelo, disimuladamente me inclino y presiono el botón REC. Quiero aprovechar la ocasión para sonsacarle información sobre la historia maldita de este olvidado enclave.


Él mismo saca el tema, casualmente la familia de su mujer era de La Cornudilla, me cuenta que muchos de los vecinos que abandonaron sus casas fueron a parar a Los Ruices, su pueblo. Ninguno de ellos nunca quiso hablar del tema y que solo después de muchos años, en una sola ocasión, sus suegros le reconocieron que presenciaron algunos de los fenómenos  paranormales de los que habla la leyenda maldita, después de aquella conversación jamás quisieron volver a hablar de ello.
Cuando iba a preguntarle por la casa de los ruidos, levanta un brazo señalando hacia donde se encuentran los restos, me cuenta que los pocos relatos que los vecinos del pueblo han querido recordar, parecen confirmar que la casa de los ruidos era el punto donde más terroríficos eran los fenómenos.
Me despido de mi confidente. A unos 500 metros está la casa de los ruidos, o mejor dicho, lo que  queda de ella, parece como si la hubiesen cortado por la mitad. Uno de los muros está inclinado a punto del colapso, permanezco sentado una media hora esperando, intentando percibir algo, pero lo único que siento es el azote del viento, que hoy parece enojado con algo o con alguien.
¿Ruidos?, pues no, tan solo el agradable sonido de las ramas del árbol que da sombra a la casa maldita. Lo que provocó hace sesenta años el pavor de los habitantes de La Cornudilla, parece haberse ido con ellos.


Vuelvo sobre mis pasos por la pista hasta Los Ruices, salgo a la carretera dirección a Venta del Moro buscando hacia el norte la N-III. Aproximadamente 60 kms después cambio esta por la N-310.
Aunque me hace dar un rodeo, me dirijo hacia Mota del Cuervo y sus molinos, me apetece pasear un ratillo con mi burrita entre esos amenazantes gigantes, como lo hizo Sancho Panza sobre Rucio junto a su señor Don Quijote.


Se me hace tarde, quiero subir el puerto de la Cruz Verde, en Madrid, antes de que acabe el día. No llevo GPS, intentar rodear Madrid sin coger autopistas como la M-50 o M-40, se vuelve un objetivo casi imposible. Me pierdo varias veces, sin saber ni como ni por qué acabo en la población toledana de Yuncos, no había estado nunca aquí, pero es un sitio especial, es donde curra mi amigo David de 2Tmoto, no puedo dejar de pasar a saludarle.

rindo, si continuo así no llegaré nunca, entro en la M-50. Soy como un glóbulo rojo en el torrente sanguíneo. Circulo, no por propia iniciativa, es como si me llevaran, algo así como las cintas mecánicas de los aeropuertos que te desplazas a la vez que te llevan, dos movimientos en uno, bueno………. lo dejo, que me lío. El ritmo frenético del tráfico en las autopistas cercanas a grandes ciudades, como lo es Madrid, me obliga a llevar una velocidad superior a la habitual, espero que La Burrita sepa perdonármelo.
Por fin llego a San Lorenzo del Escorial, La Cruz Verde está entre esta localidad y Robledo de Chavela. En un viaje en moto buscando el misterio no podía faltar “la muerta de la curva” y en esta zona tienen a “la dama de blanco”.Cuenta la leyenda que una mujer que murió en las carreteras del puerto y se aparece a los conductores, vestida de blanco y haciendo autostop.


Ya anocheció, no pasa nadie, espero que la dama se deje ver, tengo ganas de que alguno de los lugares malditos me muestre alguna evidencia real.
No es al subir, si no, al volver a bajar desde el puerto hacia San Lorenzo del Escorial cuando literalmente, la sangre se me congela, y no por la baja temperatura, la evidencia que esperaba acabo de dejarla atrás, en el arcén, acabo de ver una figura femenina blanca, estática, el pelo negro y liso le tapaba la cara. Me llevo tal susto que casi pierdo la cámara de video. No soy capaz de contar nada más, ved el video y juzgar vosotros mismos.


Con el miedo en el cuerpo llego a Manzanares el Real, mi objetivo, gorronear en casa de mis amigos de Interfolio libros, me lo ponen fácil, buena cena, buena conversación y el calorcito al fuego de la chimenea. Muy a mi pesar, ¡¡jajaja!! acepto la invitación para quedarme a dormir. Estoy tan a gusto que por la mañana se me pegan las sábanas, no importa, es el último día de la ruta, solo me queda un objetivo y es cerca de mi casa, la gasolinera de los bastones. Pero antes, me puede el morbo, decido no ir directo a Valladolid, quiero volver a subir el puerto de La Cruz Verde. No tengo suerte en esta ocasión, a plena luz del día y con muchos moteros en el puerto, se conoce que la dama prefiere descansar, no la culpo, currar en el turno de noche es duro, lo se por experiencia.
Desciendo La Cruz Verde dirección Ávila, la carretera permanece bastantes kilómetros en altura cruzando varios puertos, de repente las montañas ceden el protagonismo a la llanura que acoge Ávila, la bellísima ciudad patrimonio de la humanidad. La inevitable visión de La Muralla siempre enriquece el alma, es de esos lugares que no te cansas de contemplarlos. Paro unos minutos frente a una de sus entradas, pero no permanezco mucho tiempo allí, varios autobuses de turistas, literalmente, me rodean. Salgo huyendo como si esta vez si, viera al diablo.


120 kilómetros separan la gran muralla avulense de mi casa, pero antes me queda un último destino. Por casualidad, llegó a mis oídos la historia de la gasolinera de los bastones, un amigo me la contó, fue una gran sorpresa. He pasado millones de veces junto a esa gasolinera y ni por asomo podía imaginar que escondía un misterio tan curioso.
Justo en el límite entre las provincias de Ávila y Segovia está situada esta antigua estación de servicio y que calculo llevará  20 o 30 años abandonada. Me cuesta mucho creer la historia, pero os la voy a contar tal y como me la contaron a mi.
Un trabajador de la estación, con cierta edad, se ayudaba de un bastón para caminar, parece ser que murió trágicamente, a partir de entonces los sustitutos en su puesto duraban poco tiempo, a los pocos días se despedían. Contaban que ocurrían cosas extrañas, luces que se encendían y apagaban solas, puertas que se abrían y cerraban sin una mano que las empujara y lo más característico era el sonido de un bastón al golpear el suelo. Se conoce que el hombre que no descansaba en paz volvía para asustar al incauto sustituto, como si no quisiera que nadie ocupara su  lugar. Con los años la gasolinera quedó abandonada y en manos del paso del tiempo, que no suele perdonar, el estado es lamentable, ni puertas, ni ventanas, el techo a punto de caer, grandes agujeros en el suelo y una cosa sorprendente, en la estancia más grande, en el centro, una gran mesa redonda de hormigón con muchos pájaros muertos alrededor. Según el relato de mi amigo, muy aficionado a todos estos temas esotéricos, en esta mesa, se han grabado  sicofonías donde se puede escuchar el golpear del bastón.


Tengo que reconocer que de todos los sitios de misterio que he visitado en este viaje, este de la gasolinera ha sido en el que he pasado más miedo, y mucho. Por culpa de lo que escuché primero y pude ver después, tuve que salir corriendo. Por primera vez en estos últimos días sentí mi vida peligrar, debía salir de allí a toda prisa. Lo pude ver claramente, no hubo lugar a la duda, dos seres malignos venían hacia mi, dos bestias enviadas desde el mismo infierno para castigar el atrevimiento de profanar este maldito lugar. Tropiezo al bajar unos escalones, por poco no caigo al suelo, las botas y la ropa de moto no ayudan en la huida desesperada. Son mucho más rápidos que yo, me comen terreno  y si no vuelo, no será el terreno lo único que se coman. Tan solo quedan 20 metros hasta la valla, pero parece una maratón. Siento su aliento detrás de mi. Corro desconcertado sin pensar hacia donde dirigirme, el hueco de la valla está lejos. No me queda más remedio que saltar lo más alto que pueda, como lo haría un torero cobarde huyendo del astado, pero mi barrera es mucho más alta, tengo que intentarlo, si no estaré perdido. La adrenalina se encarga de obrar el milagro, doy el salto de mi vida, creo que el record del mundo lo ostenta el cubano Javier Sotomayor con 2,48 m. yo he batido esa marca y de lejos, la pena es que no lo presenciara un juez internacional de la FIA. No importa, estoy a salvo y me siento campeón del mundo, no necesito reconocimientos, solo quiero vivir para contarlo. Al otro lado de la verja, las dos bestias diabólicas con figuras de perros rabiosos continúan desafiándome con sus ladridos.
Tengo la extraña sensación de que un esfínter de mi cuerpo ha tenido la tentación de darse por vencido, por suerte ha sido fuerte y no ha sucumbido.
La Burrita, ajena a mi odisea, cuando le cuento lo sucedido, obedece y me saca de allí, no puedo decir que haciendo un caballito, porque mi moto solo hace “burritos”.

Una hora más tarde, en medio de la noche, me encuentro a salvo en la puerta del cementerio de mi pueblo, he pensado que este es un lugar muy adecuado para poner el punto final a este desvarío convertido en ruta motera. No he pretendido convencer de nada a nadie, dejo a cada uno la elección personal de creer o no creer en la existencia de lo oculto. Me planteé esto como un reto divertido, un excusa interesante para salir de casa con mi Derbi para hacer varios miles de kilómetros y de paso vivir y experimentar sensaciones nuevas. Salí de casa incrédulo y por suerte o por desgracia vuelvo con el mismo equipaje en mi mente.
Si has sido capaz de leer hasta aquí  y seguir todas las crónicas de estos días de miedo, solo puedo darte un consejo, háztelo mirar,¡¡¡jajajajajajajaja!!!


En total aproximadamente 2600 terroríficos kilómetros, la Burrita, muy bien, gracias. Ninguna incidencia mecánica, consumo medio3,6 litros a los 100km.

 

Perdonadme, había olvidado un pequeñísimo detalle, el video de la dama de blanco es totalmente real, allí había una mujer vestida de blanco, pero, ¿era del más allá? ¡¡¡¡JAJAJAJAJAJAJA!!!!