Marruecos 2010

 

Dos amigos del foro "derbiterra125.net", RUTER y Joaking, se dejaron engañar y me acompañaron en este viaje al desierto marroquí.

El texto es de Jose Luis "RUTER", el mismo que publicaron en el reportaje de esta aventurilla en la revista Solomoto.

 

Cuando mi amigo Retor me ofreció acompañarle al sur de Marruecos con las motos de 125, no lo pensé dos veces.

Si antes de salir alguien me dice que tengo que hacer 700 Kms hasta Almería y luego ocho horas de Ferry hasta Nador con la moto a cuestas, y sufrir los trámites de aduana, le hubiera dicho: “No me apetece”. Pero ahí estábamos, Retor , Joaquín y yo, a las puertas del continente africano.

 

 

Salimos del puerto de Nador, sobre las 19´00 horas con nuestro pasaporte sellado y…..como en una película de “Indiana Jones”, atravesamos la ciudad; era como un avispero de gente andando por la calzada, cruzándose desde todos los lados,  las bicis zigzagueando, los coches a lo loco sin respetar nada. En una rotonda, en la que más que circulación había una bronca monumental, un vehículo casi me enviste. Los carros tirados por borriquillos cruzaban en diagonal. ¡Era la guerra!....

 Por fin salimos de allí en dirección sur, para adentrarnos por carreteras llenas de baches, superestrechas y con los coches a toda velocidad.  ¿Podía ser peor?, si, podía llover, y se puso a llover…. Podía ser de noche y se hizo de noche.

 En medio de ningún sitio, dejé de ver la luz de Joaquín por los retrovisores. Intenté alcanzar al compañero que iba abriendo camino, pero, cada vez nos alejábamos más de Joaquín.  Lección aprendida: “Si falta el compañero de atrás, para y ve a buscarlo, el que va delante deberá hacer lo mismo cuando se dé cuenta que tú no vienes”.

 Un par de veces más se paró la moto y decidimos detenernos en el “arreglapinchazos” de un pueblecito, era domingo y ya noche cerrada, el encontrar un mecánico se nos antojaba tarea difícil, pero, en seguida alguien se ofreció a llamar a un mecánico para que echara un vistazo al carburador.

 

 

Le desmontaron para limpiarlo bajo los ojos empañados de Joaquín, y mi incredulidad.  “¿Sabrá montarlo otra vez?” .Pues si.

Después de agradecerles “económicamente” su ayuda salimos zumbando, de noche, con frío rumbo a Missour donde queríamos pasar la noche.

 Aún tuve que parar  una vez más en mitad de la nada para colocar un poco el equipaje que con los baches se iba para todos lados, de pronto un coche de policía paró a mi lado.  Muy amables, me preguntaron: “Monsieur, ça va ?”  “Si, si, todo OK, merci”

 Finalmente, a la una de la mañana  llegamos al hotel donde estuvimos aporreando la verja un buen rato hasta que un individuo, que apareció de no sé donde, llamó con su móvil al portero de noche que se había quedado “sopa”.

El hotel tenía todas las estrellas, pero en el cielo, fuera de la habitación, aún así descansamos bien.

 

DSC03701

A la mañana siguiente, desayuno reparador, cambio de Dirhams por Euros en el banco, gasolina y salimos contentos en dirección sur. Retor al frente, Joaquín al centro por si fallaba la moto y yo a la zaga, disfrutando del espectáculo trail de las motos surcando los paisajes semidesérticos. La carretera peor todavía,  pero al menos  era de día. 

 A unos 100 kms la cosa empezó a torcerse, nunca mejor dicho.  Un viento lateral del copón. Veía a mis compañeros completamente oblicuos aguantando el ventarrón. Ibamos subiendo, todo recto, en cuarta y a tope, kilómetros y kilómetros,

ascendiendo las estribaciones de la Cordillera del Atlas.

 Unas cuantas curvas para variar, y parada en el puerto de N´Talghaumt, 1907 metros.

 

 

Bueno, allí estábamos, tres tiarrones con sus motacos y diciendo: “Parece que hace un poco de fresco, no?”

Entonces apareció un niño de unos 7 u 8 años, a medio vestir para la temperatura que hacía; sin calcetines y sin cordones con unos zapatos raídos y que parecía que guardaba unos cabritillos.  Se puso a dar vueltas mirándonos a nosotros y a las motos. Se me ocurrió darle unas “tazos” que encontré en casa al hacer el equipaje, pero me pareció que no le hizo mucha ilusión. Como seguía mirando las motos Retor sentencio: “Lo que quiere son los bidones, esta gente siempre busca algo que les sirva, a ellos o a sus familias” Lo que podría hacer él con un bidón, llevar agua, hacer un comedero..….


Nos lanzamos puerto abajo, larguísimo descenso. En el casco la cabeza y en la cabeza los ojos de aquel niño, que lo que quería era algo que le sirviese….

Bien abajo encontramos un embalse (Hassan Addakhil) de color turquesa intenso que destacaba en el paisaje de forma increíble.  Justo allí se paró otra vez la moto de Joaquín. que si el chiclé de altas, que si el de bajas.

Unos 20 Kms más abajo se paró totalmente. Decidimos que había que remolcar hasta la siguiente ciudad, Ar-Rachidia.

La maniobra de remolque es de las más peligrosas en la circulación, pero llegamos sin ningún problema.

Parados en un semáforo se me acerca un hombre que se ofrece a llevarnos a un mecánico muy bueno que arregla las motos de la policía de la ciudad y tras aceptar le seguimos en un mini-taxi.

 

 

Nada mas llegar a la especia de taller y tras someras explicaciones el mecánico se pone a desmontar la moto casi entera.  Joaquín me decía: “!Oye, que me está desmontando el depósito!” así, como alarmado. Retor le quería tranquilizar: “No te preocupes, que este sabe”.

Yo pensaba, se acabó el viaje, habrá que repatriar la moto….y al motero.

La calle llena de polvo, los niños empezaban a hacer corro.  Más de las seis de la tarde y sin comer. Al fin parece que arregla la moto, Joaquín le paga lo que estima conveniente y  entonces aparece una chica con un niño de la mano que conocía al mecánico y nos invita a tomar el té a su casa!!!

A los 10 minutos estábamos en una casa bereber con la madre, el padre, la abuela, dos hermanos pequeños y dos hermanas en edad de merecer.  La ceremonia del té, pastas y come que te come. Chapurreando francés y español, fue muy agradable.

 

 

La madre, que nos quedásemos a cenar y a dormir, que dónde íbamos a ir ya, etc, etc.

Había que llegar a un acuerdo para no parecer groseros: a cenar si y a dormir no.

 Retor enseñando las fotos de la mujer y el niño, yo asegurando que estaba casado y las chicas enseñando el pasaporte y los certificados de prácticas hosteleras en España.  Iban a por Joaquín , el soltero, estaba claro.

Después de una magnífica cena bereber, nos despedimos asombrados de la hospitalidad marroquí y pusimos kilómetros por medio.

 

Estábamos a 130 kilómetros del destino y otra vez conduciendo de noche por Marruecos.

Llegamos al albergue sobre la media noche, allí sí que nos esperaban. Yo no es que estuviera cansado, estaba mas bien desconcertado, ¡que viaje! menos mal que lo que llaman “albergue” si estuviera bien cuidado y en España, sería un hotel de 5 estrellas. Un sitio impresionante, cerca del pueblo de Merzouga, un auténtico pueblo bereber.

 

 

A día siguiente nos dirigimos al parque de atracciones del lugar, las dunas del Erg Chebbi . En 2008, Retor estuvo por aquí con la Derbi subiendo y bajando dunas sin grandes problemas a pesar de los 15 CV. Pero en esta ocasión, debido a las condiciones de la arena, se hacía difícil rodar en ellas. No ha llovido, ha hecho mucho calor y el viento cambiante no deja asentar la arena. Aún así las 125 se defendieron dignamente y nos hicieron disfrutar.

 

 

DSC03835

 

 Tras la paliza del día anterior en las dunas, bordeamos un lago cercano (Dayet Srji), plagado de flamencos y aves acuaticas,  después nos fuimos a visitar la “Montaña Hueca” un lugar muy extraño que había sido una presa que sujetaba el agua dentro de una pequeña montaña. Aquí se rodaron escenas de “La momia”

 

 

DSC03751

 

Desde la carretera asfaltada hasta la montaña hueca habría….un horizonte o así.

De pie en las estriberas, zumbando por las rodadas, pillé un pedrusco que emergía y casi voy al suelo.

 

 

Al llegar al pie, baja de la moto, quita guantes, casco, chaqueta, para una foto y…….!arrea! un chaval en bici con la legua fuera que nos ha seguido desde la carretera donde estaba apostado esperando turistas….!pero si casi nos adelanta!...y con una Orbea del siglo pasado. Luego aparece otro…..esto es demasiado.  No tuve más remedio que comprarle algo, se lo merecía. Pensábamos : éste, con medios, se lleva el Tour, la Vuelta, y el Giro…..”

 

 

Nos dirigimos a Rissani y tras un refrigerio volvimos a las dunas, pero esta vez en línea recta unos 40 kms. Esto fue lo que más me impresionó de todo el viaje, ir de pie en la moto volando sobre el desierto, ver a tus compañeros como levantan polvo y surcan el desierto, igual que en las fotos aéreas del Dakar (pero más despacio).

 

 

DSC03791

 

DSC03802

 

Al llegar a las dunas seguimos una pista que las rodea, bueno una pista a ratos, porque había unos bancales de arena que si me los encuentro en España me doy la vuelta y no paso.  Pero allí es distinto, te metes y tiras culeando kilómetros y kilómetros.

 

 

La última noche organizamos una fiestecita en el hotel con todos los chavales que trabajaban en el albergue y con una botella de JB de contrabando. Con castañuelas de metal y tambores bereber.

 

Al día siguiente la rutina del equipaje, otra vez a cargar la moto. Pero antes de marchar nos habían invitado a comer una especie de empanada rellena de verduras y huevo a la que bautizamos como Pizza bereber. Así que nos dirigimos a la humilde casa y sentados en el suelo sobre jarapas dobladas y un cojín en la espalda otra ceremonia del té, esta vez a cargo de la hermana mayor. La casa era humilde a más no poder y aún así nos daban de comer, increíble la hospitalidad bereber. Nosotros no teníamos nada que ofrecerles. La próxima vez me traigo una bolsa de “merchandising” del Real Madrid y el Barcelona que allí los admiran mucho.

 

 

Partimos tras despedirnos y agradecer todo lo que pudimos con rumbo a Tinerhir.

De camino, tras unos 50 kms vimos una especie de pozos en mitad de la nada que nos llamaron la atención y paramos a ver que eran.

 Enseguida salió de la nada un personaje vivaracho y nervioso que nos recibió con algaravía.  Mientras Joaquín y yo nos apeábamos de las motos ,Retor desapareció. Se lo tragó la tierra, miramos detrás de los pozos y nada.  Entonces seguimos las huellas desde la moto y desaparecían en la subida al pozo.  Subí y había una entrada a una cueva desde donde oí a Retor que decía: “Pasar, pasar que esta es su casa”.  El personaje había tapado el pozo y abierto una trampilla desde donde tiraba piedras que no se oían ni caer.  25 metros tenían aquellos pozos.

 

 

 

Nos ofreció un té que daba miedo, el té y los vasitos en los que lo servía.  Una conversación divertidísima la de aquel individuo, sus opiniones sobre los turistas, su filosofía del tiempo y encima nos cantó una balada bereber. Era el tío más auténtico de todo Marruecos.

 

 

Nos despedimos y marchamos. En el casco la cabeza y en la cabeza la imagen del pobre diablo que nos había ofrecido su amistad, sus opiniones y un trozo de su vida a cambio de un poco de nuestro tiempo.

Llegamos al atardecer a la famosa Garganta de Todra donde el río, en su salida a la llanura, conforma un vergel alrededor del cual se asienta la ciudad de Tinerhir.

 

DSC03873

 

El río corta la montaña como un queso.  El cañón es impresionante.

Buscamos un hotel bueno, bonito y barato y descansamos sin enterarnos ni siquiera de las llamadas a la oración del Imán de la mezquita de al dado.

 A la mañana siguiente amaneció un día magnífico para montar en moto. Después de volver a recorrer las gargantas del Todra, partimos con dirección norte, hacía Missour donde pensábamos parar a comer.

 

 

DSC03886

 

Nos cruzamos con bastantes camellos, los reyes del trail del desierto.

 

Con la cordillera del Atlas a la izquierda tuvimos que parar para abrigarnos. Como bajaba la temperatura según nos alejábamos.

 Al llegar a Missour nos detuvimos en la estafeta de correos para cambiar moneda. Me quedé de perro guardián de las motos, pasó un hombre que me saludó.

“¡Hola! ¿Qué tal?”.  “Bien”, digo. “Hablas español, eh!”  Si, trabajo en España y estoy de vacaciones aquí, en mi casa”.  Le pregunto: ¿Sabes de algún sitio para comer?  

A los 10 minutos ya estábamos internándonos nuevamente en el Marruecos profundo, y disfrutando de la ceremonia del té con otra familia Bereber.

 El padre era jefe de policía de la ciudad. Nos sacaron un Cus-cus monumental y de segundo dos huevos fritos con especias y patatas, naranjas y bollos.

 Que nos quedásemos a cenar, a dormir..…en fin creo que esta vez iban a por mí. Total, porque pregunté quien había hecho el Cus-cus……Joaquín, el soltero de oro, se escondía debajo de las alfombras.  La hija mayor se puso mi casco y mi chaqueta y eso allí puede significar mucho.  El padre podía inmovilizarnos las motos hasta que no hubiera boda…..a si que decidimos  poner kilómetros de por medio.

 Se nos volvió a hacer de noche por el camino, normal, si nos enrollábamos en todos las casas,  y decidimos parar a dormir en un hotel muy raro que era una especie de complejo de bodas y banquetes con habitaciones arriba, tipo club de carretera.

 Al día siguiente, ya con tranquilidad, pusimos rumbo norte disfrutando del viaje de vuelta.

 Llegamos a Nador, que seguía en pie de guerra, para tomar el barco de regreso y volver a Almería.

 

Han sido más de 2.500 kilómetros por Marruecos a menos de 100 kms/h.  Un viaje increíble que se convirtió en una memorable aventura por las peripecias que pasamos y por la increíble amabilidad y hospitalidad del pueblo marroquí.