Mauthausen (Austria) 2011

 

11-06-2011

 

 HACIA MAUTHAUSEN, EL CAMPO DE LOS ESPAÑOLES

Comienza un nuevo viaje, una nueva historia que contar, un nuevo comienzo para un nuevo final… Esta vez el destino elegido es Austria, más concretamente Mauthausen, pero antes Los Alpes me harán entretenido el camino.

Como la historia relata, este triste lugar es, por desgracia, conocido como "EL CAMPO DE LOS ESPAÑOLES".

De los 7.000 españoles recluidos en Mauthausen,  más de 5000 murieron allí de agotamiento y hambre. Sólo sobrevivieron alrededor de 2.000, y algunos de ellos murieron tras la liberación, debido a los males que habían acumulado durante su encierro. Se cree que allí murieron 119000 personas.

Los españoles fueron los primeros en llegar al campo de Mathausen, de hecho, podría decirse que lo construyeron. Mauthausen, fue el último campo nazi en ser liberado. Cuando llegaron los americanos, el 5 de mayo de 1945, una pancarta escrita en castellano les recibió.

Con este peregrinaje pretendo rendir  un pequeño homenaje y no solo a los 7000 españoles de Mauthausen, si no, a todas las personas inocentes que sufrieron en aquella locura que fue la II Guerra Mundial

 

Pasaré por Francia, Italia, Suiza, Austria y si voy bien de tiempo Alemania. Va a ser un viaje bastante duro por la kilómetrada diaria, como siempre… mi Burrita se encargará de llevarme donde la pida

Tengo que agradecer a Givi, otra vez, por el excelente equipamiento para esta nueva aventura, un juego de maletas Trekker. 

Mañana bien temprano comienza el viaje, primera parada, de paso hacia la frontera francesa, pasaré a visitar a mis amigos de ITCA Pro Racing en Sant Antoni de Calonge (Girona). La segunda,ya terminando el día, lo más cerca de Chamonix que me sea posible.

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12-06-2011

Ayer fue un día muy especial para mí, no solo porque volvía a ponerme en marcha para un nuevo viaje, que siempre es motivo de celebración, fue muy especial porque tuve el lujo de pasar una hora en casa de Marc Coma, por si hay algun despistado, Marc, es ganador de tres Dakares, el último de ellos este mismo año.

Un tío encantador, sencillo y muy accesible. No solo un campeón, además buena gente.

La burrita lucía con sus nuevas maletas y sostuvo orgullosa el pesado trofeo de ganador del Dakar 2011.

Esta mañana salí de Sant Boi (Barcelona) un poco tarde y en Palamós perdí más tiempo, aunque debería decir "gané más tiempo" porque visité a unos amigos y eso siempre es agradable.

Eran casi las 13h00 cuando me quise poner en marcha, la intención para hoy era llegar a Chamonix, a más de 800  kilómetros, pero me he tenido que conformar con 610 y  parar en Valence. para mañana quedarán los 248 restantes y los que haga ya metido en Los Alpes. A ver si tengo suerte con el tiempo, dan algo de lluvia.

Día sin historia, autopista en la que he tenido como únicos entretenimientos,  el saludar a los centenares de moteros que me he cruzado o me han adelantado y lidiar con el fuerte viento habitual de esta zona.

 

13-06-2011

Paso mala noche en un hotel de la ciudad francesa de Valence. Malgasto las pocas de descanso que tengo con una pesadilla, por la mañana cuando bajo al garage del hotel para arrancar la moto, solamente encuentro el chasis, no habían dejado nada, me la habían robado.

Cuando desperté, tenía tal sensación de realidad que por poco bajo en calzones a comprobar el estado de la burrita. Por suerte acerté a ponerme unos pantalones y por suerte la moto estaba intacta e impaciente por empezar a rodar.

 

Unos 250 kms quedaban para llegar a Chamonix, lugar elegido para entrar en Los Alpes.

Esta famosa localidad francesa me daba un poco igual, lo que me traía hasta aquí era la ocasión de contemplar la cumbre del Mont Blanc. Pero mi gozo en un pozo, 30 kms antes de llegar, el cielo que ya venía amenazando, se cae literalmente sobre mí. Una fuerte lluvia y una densa niebla dan al traste con la esperada visión de la cumbre más alta de la Europa occidental. Solamente, por un breve instante, consigo ver la parte baja del glaciar de Bossons, en franco y evidente retroceso, una pena.

 

Por culpa del “diluvio universal” que cae sobre Chamonix, decido no parar y continuar ascendiendo entre verdes bosques hasta la frontera suiza, allí, tras un breve alto el policía de aduanas me da el permiso de continuar.

El asfalto mojado no acobarda a cientos de moteros con los que me cruzo, todos sin excepción me saludan al pasar. Puede parecer una tontería, pero este insignificante gesto hace que no te sientas solo en la carretera.

Muchas curvas en descenso después, paro en una especie de mirador y como si de la tierra prometida se tratase, el cielo se abre ante mi, altas montañas custodian el valle y hacen de murallas naturales en defensa de la ciudad de Martigny. Me siento como Moisés en el Monte Nebo, aunque espero no me pase como a él y yo si pueda pisar la tierra prometida.

 

Durante una hora los dioses se apiadan y no descargan su ira sobre mí en forma de lluvias, permitiéndome disfrutar de los paisajes de postal que ofrece cualquier parte de Suiza. Varios kms transcurren por lo bajo del valle en dirección al primer puerto importante del día, el Furkapass, pero un pequeño cartel indicando “Nufenenpass” a la derecha ejerce una atracción casi hipnótica sobre mi, no se que tiene esa terminación “pass” que me hace desear ir hacia allí con mi moto, es como si me planteasen un desafío al que no pudiera negarme.

Ni siquiera la persistente lluvia me resta un ápice de disfrute, la carretera serpenteante me hace sentir como si estuviese montado en alguno de esos diabólicos diseños de tortura que te zarandean en un parque de atracciones. Creo no equivocarme al decir que Los Alpes son un paraiso motero y que si somos buenos en esta vida y cuidamos a nuestras motos, en el cielo habrá unos Alpes para nosotros, seguro.

Según asciendo va apareciendo cada vez más cantidad de nieve en los laterales de la carretera, en algunas curvas la pared de nieve alcanza los tres metros.

 

Como me sucederá en todos los puertos que suba en este viaje, al alcanzar sus cumbres, por arte de magia la lluvia cesará y la niebla se abrirá para permitirme hacer fotos y contemplar el grandioso paisaje. El primer milagro ocurre en el puerto más alto de Suiza, Nufenenpass de 2478m.

En el puerto hay varios grupos de moteros, unos suizos se me acercan y me ofrecen acompañarles en el descenso. Les acompaño hasta un desvío que indica “San Gottardo”, el siguiente puerto. Este se puede hacer por una carretera moderna y que suaviza mucho el puerto o por el antiguo trazado, con mucho más desnivel y curvas, lo divertido del San Gottardo es que es empedrado, lo que le hace muy peligroso en mojado, no me extraña que no me cruce con nadie en el largo ascenso. El pavés es muy resbaladizo y parece que en cada ángulo me vaya a ir al suelo. En la cota 2091 se acaban mis temores y entre la niebla puedo ver un lago junto a la señal que indica el final del puerto.

Me queda un puerto para terminar el recorrido montañero de este día, el que resultaría el más duro de todos, el Furkapass 2436m. La lluvia aumenta su furia y la niebla no deja ver más allá de cinco o seis metros, esto me obliga, a avanzar con la pantalla abierta bajo la cortina de agua. No se cuantas curvas tiene este puerto pero a mi me parecieron miles, interminable bajo esas condiciones. Pero el milagro vuelve a ocurrir, a pocos metros de la cumbre el cielo se abre de nuevo para mí, esta vez disfruto de la soledad, nadie en su sano juicio subiría con ese mal tiempo.

Vuelvo a bajar el San Gottardo, esta vez por la carretera asfaltada y tras varios intentos encuentro alojamiento en un albergue en un pueblo cerca de la ciudad suiza de Bellinzona.

15 horas, 13 de ellas bajo la lluvia y al final más de 600 kilómetros.

 

 

14-06-2011

La posibilidad de hacer este viaje surgió de repente y no miento cuando digo que el plan definitivo se decidió el día antes de salir. Así, sin ruta preparada, cada noche me dedico, con los mapas extendidos sobre la cama a decidir por donde tirar al día siguiente.

Por supuesto tampoco llevo preparado donde pasaré las noches. Me he impuesto como hora límite las 20h00, para empezar a buscar un alojamiento lo más económico posible.

 

Amanezco en Rovedero (Suiza), cerca de Bellinzona. El día, ya desde primera hora es soleado y el calor parece que va a apretar. Yo también me levanto con mucho calor, tanto, que tengo fiebre y los primeros amagos de diarrea. Con tan pocos días para llegar a mi principal objetivo, Mauthausen, no puedo pararme a reposar.

A los pocos minutos de ponerme en marcha, empieza a llover y de manera intermitente, en las siguientes horas, la lluvia será una desagradable compañera.

Asciendo con dirección norte hacia el passo de San Bernardino. Hay que tener cuidado en no meterse en el túnel y tomar la carretera que hay un poco más a la derecha.

El asfalto estrecho, pero en perfecto estado, la lluvia me da una tregua, los paisajes son como sacados de un cuento, creo que se podrían hacer las fotos que se quisieran a ciegas, seguro que todas parecerían postales. Todo está en su sitio, todo es tan perfecto, es todo tan bonito que llega a dar sensación de artificialidad.

Con cierta facilidad conquistamos los 2066m del passo de San Bernardino. Paso unos minutos babeando sobre una roca  viendo las esbeltas montañas, todavía nevadas, reflejarse sobre las tranquilas aguas de un pequeño lago.

Por fin, disfruto plenamente de un largo descenso en seco en Los Alpes. Tengo que encontrar una pista a medio asfaltar que lleva hasta Splugen, punto de inicio del ascenso al Splugenpass. Me cuesta dar con este pueblo, las indicaciones poco claras de un agricultor me despistan y tras varias tentativas consigo ponerme al pie del puerto.

Miro hacia arriba y veo una carretera que tras muchos requiebros se pierde en un bosque.

Arriba a 2133m, una garita abandonada hace de testigo ante mi paso entre Suiza e Italia.

En la vertiente italiana cambia radicalmente el paisaje, mucho más árido, de alta montaña sin vegetación. El primer pueblo, Montespluga ya deja ver las diferencias estéticas entre las edificaciones de uno y otro lado.

El descenso es sencillamente  maravilloso, para quitar el hipo, larguísimo, parece no acabarse nunca. El asfalto desafía a las leyes de la geometría con requiebros imposibles, la vegetación va aumentando según voy descendiendo hasta convertirse en una auténtica selva. El valle de San Giacomo se convertirá en uno de los recuerdos imborrables de este viaje.

 La fiebre, el dolor de cabeza y los retortijones se encargan de recordarme mi estado. Buscando un recorrido más amable hasta el Passo dello Stelvio, bajo acariciando por pocos kms el Lago di Como y después siguiendo el curso del río Adda hasta la localidad de Tirano. Desde aquí vuelvo a tomar rumbo norte hasta Bormio, lugar donde comienza el verdadero ascenso del Stelvio.

19 kms de curvas, que más que curvas son líneas trazadas como en un electrocardiograma, un infinito zig-zag, donde como pequeñas hormigas decenas de motos en peregrinación ascienden el Mont Blanc de las carreteras.

 

Con cierta nostalgia de lo que dejo atrás, me acerco a lo alto de este mítico puerto, no quiero que se acabe, la burrita tampoco, el instante soñado está  punto de llegar.

 

Por unos minutos me quedo sobre la moto observando el movimiento de motos y moteros, cuando reacciono me hago las fotos de rigor frente al cartel que indica los 2758m, bueno, más bien hay que adivinarlo, cientos de pegatinas lo tapan casi por completo. Siento orgullo por haber llevado hasta aquí a una Derbi de 125 cc, combinación que supongo pocas veces se habrá dado en este lugar. Aprovecho para aportar mi granito de arena  en apoyo a los trabajadores de DERBI, que están pasando por un mal momento.

Curioseo en el mercadillo de souvenirs que hay en el “passo” antes de emprender el descenso, no menos espectacular que la subida, altísimas montañas  y sus glaciares colgantes vigilan impasibles el zigzagueante descenso. 

Casi anocheciendo encuentro una casona aislada y solitaria  donde tienen camas disponibles por 20 €. No me importa la tenebrosa familia que regenta el “albergo”, no me importa el olor a humedad, no me importan las telas de araña, ni siquiera  los estremecedores crujidos de las maderas de techos y suelos, lo único que quiero es descansar.

 

 

15-06-2011

Anoche no tuve fuerzas ni siquiera para quitarme la ropa, me quedé dormido con la ropa de la moto sobre la cama. El cansancio acumulado y el bichito que se está dando un atracón dentro de mí, me dejaron muerto.

 

A las 5h30 suena el despertador, pero por desgracia llevaba ya varios minutos despierto.

El dolor de cabeza no se ha ido y todavía tengo unas décimas de fiebre. Desayuno un pinchito de paracetamol y salgo zumbando.

Quiero llegar lo más pronto posible a Mauthausen (Austria), desconozco los horarios de visita al campo de concentración y  no quiero arriesgar a encontrármelo cerrado.

Para hoy 430 kms en total. En los primeros 100 kms hasta Innsbruck, evitaré la autopista, pero el resto no. Me encuentro débil y prefiero reservar las pocas fuerzas que me quedan, más de siete horas sobre la moto me esperan.

 

Los 70 kms que me separan de la frontera austríaca transcurren  por una entretenida carretera ascendente por el valle de Isarco. La localidad de Brennero o Brenner en alemán hace de unión para los dos países. Lugar sin encanto, con ese aire de pueblo fronterizo donde comprar tabaco o alcohol. Nada nos indica que hayamos entrado en otro país, a los dos lados se habla alemán.

Aprovecho para comprar en una gasolinera la “vigente”, válida para usar las autopistas durante diez días por 4,50€.

 

En Innsbruck dejo la nacional y tomo la aburrida autopista, aun así disfruto de los paisajes de ensueño que se presentan a cada lado. El entorno de esta ciudad es espectacular, montañas de hasta 2600m de altitud vierten las aguas de lluvia que recogen en sus faldas en el río Inn. Seguiré su curso durante bastantes kms hasta la ciudad alemana de Rosenheim.

El tráfico es insoportable, además de peligroso, una sucesión casi infinita de camiones me obligan a formar parte de esta lenta caravana, mi velocidad es un poco más alta, pero no merece la pena ir adelantando.

 

El sol implacable, además de iluminar los verdísimos campos del sur de Alemania y Austria, me hace sudar como un cerdo dentro de mi ropa de goretex, la temperatura supera los 30 grados.

 

Me pasa algo curioso con los paisajes y pueblos de esta zona, el orden y la estética son perfectos y eso me encanta, más bien me emboba, pero me dura diez minutos, el carácter latino de mi cerebro me pide un poco de caos controlado, desorden organizado, ya me entendéis, lo de aquí me acaba por aburrir y es que la perfección es eso, aburrida.

Otra cosa distinta pasa con las montañas, literalmente me absorben, es algo así como cuando te quedas hipnotizado mirando las llamas de un fuego o el romper de las olas.

 

Aprovecho las paradas para repostar gasolina y rehidratarme.

 

A las 13h30, después de cruzar sobre un puente de hierro el Danubio, llego al pueblo de Mauthausen. Por cierto, nos han tenido engañados, no es azul ,el Danubio es verde.

Sigo las señales que indican la dirección a seguir para llegar al “KZ Memorial Mauthausen”, pero pierdo la pista y me extravío. Pregunto a cuatro personas distintas y ninguna sabe o quiere indicarme, cada uno que piense lo que quiera, pero son gente del lugar y estoy a menos de un kilómetro del campo nazi, parece extraño que no sepan donde se encuentra,¿no?

 

Después de dar varias vueltas, por fin me encuentro frente a las sólidas y grises, no podían ser de otro color, murallas del campo de concentración de Mauthausen.

Por una parte siento algo fuerte que no se explicar y por otra siento la satisfacción de alcanzar un objetivo, la burrita se ha portado y me ha traido hasta aquí.

Me tomo tres horas para sentir, tres horas para reflexionar, tres horas para no olvidar.

Este campo fue prácticamente levantado por republicanos españoles, fueron de los primeros presos en llegar al campo. Unos 7000 españoles pasaron por aquí y alrededor de 6000 murieron.

Por Mauthausen pasaron más de 200000 personas y se cree que unas 120000 fueron exterminadas.

Los presos eran utilizados como mano de obra esclava para las canteras o para la  industria de armamento del III Reich. Los que no valían eran asesinados en cámaras de gas y los válidos para trabajar eran exprimidos hasta que morían de agotamiento, inanición o por las enfermedades contraídas en el campo.

Entre 30 y 50 españoles formaron el Comando Poschacher, clandestinamente fotografiaban las atrocidades que allí se cometían, también fotografiaban a los SS. Los negativos les sacaban del campo con la colaboración de una familia austríaca contraria al régimen nazi. Cuando acabó la guerra estas fotos sirvieron para enjuiciar a los responsables y guardias del campo de concentración.

Mauthausen fue el último de los campos en ser liberado en mayo de 1945 por el ejército americano. Una pancarta les recibió “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”

Antes de irme pude charlar un ratillo con una mujer guía del campo, me preguntó si me había impresionado, le contesté que esperaba algo más desgarrador, que me parecía que estaba todo maquillado, demasiado bonito y arreglado, como pretendiendo dar al visitante una impresión menos dura de lo que en verdad allí ocurrió. ¿Vergüenza histórica?.............................

 

Conseguí un pequeño privilegio, me dejaron acceder con la moto hasta la misma puerta del campo, el acceso es una amplia zona peatonal.

 

Tenía pensado dormir en Mauthausen, pero una gran tormenta se echaba encima y pensé que era mejor idea adelantar un poco la vuelta, tanto la adelanté que acabé haciendo los 430 kms en sentido contrario, los 120 últimos bajo un diluvio.

860 kilómetros en un solo día, una locura.

 

 

16-06-2011

 

Ayer por la noche me costó encontrar un lugar para dormir, después de los 860 kms recorridos volví a la misma casa solitaria y misteriosa donde dormí la noche anterior.

Me encuentro el albergue cerrado y aunque puedo ver luces dentro y sombras moviéndose no hacen caso a mis llamadas, veo como entre las cortinas asoma una cabeza pero se dan cuentan de que les estoy viendo, rápidamente apagan las luces.

Allí me veo yo, tirado como una colilla, a las once y media de la noche bajo la lluvia, cansado y sin tener un sitio donde dormir.

Después de cagarme en todo lo cagable en varios idiomas y agradeciéndoles a gritos su ayuda vuelvo sobre mis pasos y retrocedo al anterior pueblo, diez kms atrás. Media hora dando tumbos hasta que veo por casualidad un cartel, casi oculto tras un árbol, “ZIMMER”. Curiosamente es un pequeño castillo, el de Friedburg, en Colma. Tengo suerte, estaban a punto de cerrar.

Me dan una habitación situada al final de un laberinto de pasillos y escaleras, la decoración  del castillo es muy antigua, crucifijos, armaduras  y cuadros de otra época adornan todas las estancias, tengo la sensación de que en cualquier momento se aparecerá ante mí un fantasma arrastrando una cadena, pero por 25€ y a esas horas con lo cansado que estaba me daba todo igual.

 

Otra vez la lluvia me da los buenos días, para unos pocos minutos me obliga a ponerme el chubasquero, luego será el sol que no me deje en paz durante todo el día.

 

En Italia debo evitar las autopistas y autovías, no está permitido circular por ellas con motos de menos de 150 cc.

197 kilómetros hasta Brescia me supondrán más de cuatro horas, todo tiene su parte positiva, me obliga a transitar por lugares, pueblos y ciudades que de otra manera no conocería. Pero si, a veces se me hace muy pesado, los kilómetros en el marcador pasan muy lentos.

 

Cruzo Trento y poco después tomo la carretera “Riva di Garda”, durante 50 kms me lleva a bordear el lago de Garda, que más que un lago es un pequeño mar. A pesar del lento y denso tráfico, disfruto de las vistas, el calor y de mi moto.

 

 

La siguiente parada será Brescia, por casualidad mi camino de retorno pasa por esta ciudad, sede de la marca de accesorios para moto GIVI. Como veis en las fotos llevo un juego de maletas Trekker que Givi Ibérica me proporcionó para este viaje. Como además de agradecido, soy muy curioso no podía dejar pasar la oportunidad de conocer como es una fábrica de este estilo.

Gracias a las gestiones de Vicente, me están esperando Andrea y Cristina, dos personas encantadoras que harán de la visita un momento muy agradable.

 

Me llevan a ver todas las instalaciones y puedo ver los distintos procesos en la fabricación y montaje de sus productos.

A veces detrás de las siglas de una marca hay gente apasionada por la moto y que se contagian de la ilusión que uno mismo tiene por viajar sobre dos ruedas, muchas gracias Vicente.

 

Continuo mi camino, dejo atrás Cremona y Piacenza. El GPS en su afán por evitar las autopistas me hace un precioso regalo, la SS45 entre Piacenza y Génova. Es de ese tipo de carreteras que esperas que no acaben nunca. Curvas y más curvas con buen asfalto que hace que el trazarlas sea una auténtica gozada.

 

Son ya las 20h00, como todos los días a esta hora me digo “el primer alojamiento que vea me paro”, una norma autoimpuesta que no cumplo nunca, pero hoy si lo hago. En Rocca-Corvi, pequeño pueblo, veo una casa con un cartel que dice “Camere”, aquí me quedo por 22€.

Tenían preparado el parking para la Derbi Terra

 

No bebo nada de alcohol, nunca, pero hoy, creo que por culpa de mi amigo Miquel Silvestre que tenía que haberme acompañado unos días en este viaje pero que al final un brazo lesionado lo evitó, me amenazó con introducirme en el mundo de la cerveza y he pasado el día acordándome de una cerveza bien fresquita.

Lo primero que he hecho nada más bajarme de la moto ha sido pedir una “Birra Moretti”.

No puedo decir que la bebí con placer, pero la bebí, no dicen que la intención es lo que cuenta, pues eso…….Va por ti Miquel.

 

 

 

17-06-2011

 

Desde Rocca-Corvi, a setenta kilómetros al norte de Génova, hasta Barcelona hay exactamente 960 kilómetros. Y esa es la distancia que la burrita y mi culo han soportado ayer. Puedo asegurar que la moto terminó en mejor estado que yo.

En mi sano juicio nunca haría una burrada semejante, ni con una pistola en la cabeza apuntándome. Los culpables de esta autoflagelación, Xavi y David, dos buenos amigos de Derbi.

Por la noche, antes de acostarme, crucé unos sms con ellos y en uno de ellos decían…… “si te vienes para Alcañiz tenemos un pase de paddock  del mundial de Superbikes para ti”.

Inconsciente de la kilometrada que iba suponer el tener que estar allí el sábado por la mañana, entre nervioso e ilusionado dije, ….. “que si, allí estaré”.

No tenía ni idea de que se celebraba la prueba del mundial este fin de semana, era una oportunidad única, ¿cuántas veces se presenta una ocasión así?

Despliego el mapa sobre la cama , empiezo a sumar parciales kilométricos y efectivamente, lo que me temía se cumple, casi mil kms.

 

A las 6h00 ya estoy calentando el motor de la Terra, a mitad de camino entre Piacenza y Génova, en la, preciosa y excitante SS45.

Todavía me queda una hora larga de disfrute antes de llegar a Génova. Entre legañas adivino la trayectoria de las curvas. Hace fresco, pero resulta agradable.

 

De repente me topo con un gran atasco, ya he llegado a la ciudad, los enlatados se mueven como hormiguitas en tránsito hacia sus puestos de trabajo. No me impaciento, encima de una moto soy capaz de divertirme hasta metido en medio de una retención.

Tengo una gran ventaja sobre ellos, yo no tengo que currar.

Cruzar Génova me lleva un buen tiempo, pero esto no es nada, mi particular Vía Crucis está a punto de comenzar. Hacer los 160 kms hasta Ventimiglia, última población italiana antes de la frontera con Francia desgasta mi paciencia durante cinco eternas horas.

 

Antes de la frontera la burrita me pide de beber, paro y cuando estoy calmando su sed, me dice al oído, muy bajito, “quiero rodar unos metros por el circuito de F1 de Montecarlo”. No se lo puedo negar, aunque este capricho nos retrasará un poco, se lo merece.

 

Solo hace unos días que los miles de caballos de potencia corrían desbocados por las calles de esta opulenta ciudad, todavía están pintados los pianos y se pueden ver los restos de goma de los  Pirelli en las apuradas de frenada.


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Solo unos pocos kilómetros por hora menos pasamos por Santa Devota, Casino, las curvas Mirabeau, Hotel Hairpin y el túnel, unas obras en el puerto no nos dejan completar una vuelta, pero mi burrita se da por satisfecha, además no nos gusta este sitio, la opulencia me ofende, no el que algunos sean ricos o muy ricos ,eso no es malo, lo malo es la actitud con la que parecen restregar su éxito económico a los demás ,no es que miren por encima del hombro, es que directamente ni te miran, no vivimos en su misma dimensión.

Nos toca hacer un slalom entre el denso tráfico para salir del decimoquinto país que la Derbi ha pisado, ¿no esta mal para una 125 con tan solo tres añitos de edad?

 

Francia la hago por autopista, de otro modo no llegaría nunca a Barcelona.

 

Tengo que parar en numerosos y desagradables peajes, estos franceses se creen que todo el mundo sabe como funcionan las cosas allí, llegas al peaje y por supuesto no hay nadie, todo automático. Las motos no pagan lo mismo que los demás vehículos, pero no hay indicación en que carril debes ponerte, eliges uno al azar y tienes que suponer que la maquinita es tan lista e inteligente que detecta que vas sobre dos ruedas, como yo no lo se, y la maquinita no dice que se ha enterado, a esperar como un tonto a ver si en alguna pantalla o yo que se donde te informan de cómo actuar, es desesperante y ridículo a la vez. En un derroche de inteligencia y de valor por mi parte, introduzco el importe, que en un cartel pequeñito, dice lo que paga una moto, et voila!!, se abre la barrera.

A la altura de Montpellier, me veo metido en un atasco, varios minutos parados. A mi lado un camionero español, le pregunto si sabe que pasa, un camión ardiendo en sentido contrario.

Los aproximadamente diez minutos de parada no son nada con lo que tienen en el otro sentido de la autopista, cuarenta kms de retención. Pobrecitos.

 

Ahora se lo que siente un bolo cuando ve venir las bolas, eso es lo que siento yo a 90-95 km/h, cuando me adelantan a toda hostia los BMW´s, Mercedes, Porsche, etc.

Las autopistas, especialmente las alemanas, son boleras para una humilde 125.

 

Sin más novedad llego a Barcelona, 18 horas después, mi trasero no tiene sensibilidad, se podría celebrar una mascletá en él y no me enteraría.

960 kms, ganas me han dado de hacer esos 40 que faltaban para llegar a los mil, pero eso sería para internarme.

 

18-06-2011

 

Las horas que el sábado pasé en el circuito de Alcañiz, Motorland, fueron especiales, poder ver todo ese circo por dentro, cruzarte con los pilotos, conocer gente, comer en el hospitality de Aprilia con Efrén Vazquez (piloto Derbi de 125 en MotoGP que ya tenía el gusto de conocerle), Xavi y David, no tiene precio, para lo demás, Master………

Eso sí, tuve a tiro a Biaggi y a Checa, pasando, yo lo que quería era una foto con algunas azafatas siliconiticas, ya que después de este viaje mi mujer me la iba a cortar, que por lo menos tuviera una buena excusa para hacerlo,jajaja!!!!.

Aquí parezco papá pitufo al lado de las chicas y la cara todavía es la de los mil kms del día anterior