Ruta de los Comuneros 2012

 

No ha sido tarea fácil el convertir la historia de la guerra de las comunidades en ruta motera, no tuvo un avance lineal y cronológico, se fueron sucediendo levantamientos en ciudades y momentos distintos. Conseguir confeccionar una ruta, un recorrido coherente  que me sirviera para contar de forma paralela la historia comunera, me llevó muchas horas de estudio y preparación, bastante  más que muchos viajes a países lejanos. Mi intención era crear una ruta realizable en unos cuatro días que combinando la historia, la moto, la gastronomía y enología del recorrido, resultara atractiva para moteros  curiosos e inquietos.

Esta guerra, supuso un intento de derribar el absolutismo y el despotismo de la monarquía de la época y conseguir una mayor participación popular.  A principios del siglo XVI, Castilla ocupaba la mayoría de la España actual, exceptuando los reinos de Navarra y de Aragón. Contaba con una población de 4´5 millones. Aunque hubo importantes levantamientos en ciudades periféricas como Murcia, Jaén, Guadalajara y Burgos, entre otras, la acción bélica y política se desarrolló principalmente en el eje sur/norte de Toledo hasta Valladolid y Palencia, pasando por Segovia.

Varias fueron las razones que colmaron el vaso de la paciencia del pueblo, el impuesto que pretendía imponer el rey Carlos I para proclamarse Emperador, la crisis económica que atravesaba Castilla especialmente en el sector textil, unas cortes inoperantes y cada vez menos representativas y la presencia en los cargos más importantes puestos por un rey no deseado. La rebelión, que en principio fue liderada por la burguesía de las ciudades, en seguida, fue apoyada por las clases medias y el pueblo llano, llamado “el común”.

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El punto de inicio de esta ruta no podía ser otro que la ciudad de Toledo, allí prendió la llama comunera con Padilla y su mujer María Pacheco como personajes más destacados. Ya desde el mes de abril de 1520, Toledo se negaba a acatar el poder real, rechazando el impuesto “imperial” apoderándose  los rebeldes de los puestos de influencia de la ciudad y destituyendo a los favorables al rey.. En la catedral y el ayuntamiento saltó la chispa comunera.

Antes de recorrer las calles toledanas subo con mi Burrita por una carretera que rodea toda la ciudad hasta un pequeño  mirador junto a una terraza donde bebo algo fresco para aplacar el calor con el que me recibe la ciudad imperial.

Las vistas sobre Toledo con el Tajo por medio son sencillamente espectaculares. Recomiendo, antes de internarse en el laberinto de calles empedradas, contemplar la villa desde alguno de los múltiples miradores que nos brinda esta carretera.

Dejo atrás la preciosa Toledo para dirigirme a la no menos bella Segovia. Es difícil describirlas, hay que vivirlas, sentirlas. En ellas no se busca la historia, está en cada rincón.

Por supuesto evito autovías y autopistas. Cruzo Fuensalida, Santa Cruz de Retamar  y  Méntrida camino de Robledo de Chavela para ascender  La Cruz Verde. La parada en el bar motero del puerto es obligada.

El tiempo acompaña, el calor aprieta, pero el slalom en el que se convierte el descenso refresca cuerpo y mente. A mi izquierda impasible, observa mi paso esa mole que es El Escorial, atravieso Guadarrama y pronto la carretera desafía a mi Derbi Terra en largo ascenso hasta los 1880 m del puerto de Navacerrada. El asfalto se da por vencido  ante la cabezonería de Burrita, baja la cabeza y nos lo pone fácil. La catalana se desquita, se desmelena, yo aprovecho esa rabia contenida que tiene de tantos kilómetros acumulados a velocidad crucero para divertirme tumbando y apurando frenadas. Muchos se sorprenderían viendo lo rápido que se puede bajar un puerto con una sencilla 125cc.

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Segovia, como un bello espejismo aparece ante mí. Imponentes, destacan en el skyline segoviano la catedral y el magnífico Alcázar. La mejor manera de sentir Segovia es pasear tranquilamente por sus estrechas calles, pero si lo puedes hacer subido sobre una moto mucho mejor.  Cierra los ojos, ¡¡¡eh!!! en sentido figurado, me refiero a los ojos de la imaginación, no vayamos a liarla. Podrás sentir que lo que tienes entre las piernas es……..¡ojo con esa imaginación!.......... un bonito corcel. Las pistonadas se convertirán en el sonido de los cascos del caballo. Tu traje, la armadura. Solo te faltaría la espada para ser un caballero de la época.

Aquí se dieron los primeros y más violentos hechos de la incipiente rebelión.

El 29 de mayo de 1520 en la iglesia del Corpus Christi la muchedumbre se abalanza sobre el corregidor, un temerario Hernán López Melón, su ayudante, sale en su defensa. Este es golpeado hasta la muerte y colgado en la plaza del mercado. Al día siguiente el procurador Rodrigo de Tordesillas, recién llegado de las Cortes de La Coruña donde había votado favorablemente al impuesto del rey, es asesinado cerca de la iglesia de San Martín.

Desde ese momento Juan Bravo se erige como líder del movimiento comunero segoviano. Sus milicias, reforzadas con tropas de Toledo y Madrid consiguen repeler el ataque del alcalde Ronquillo, que se retira a la localidad abulense de Arévalo.

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Me cuesta abandonar esta preciosa ciudad, la tengo un especial cariño, pero debo continuar  camino dirigiéndome hacia la tercera capital Patrimonio de la Humanidad de esta ruta histórica, Ávila.

Aconsejo antes de conquistar las sólidas murallas, ir hasta el privilegiado mirador llamado “cuatro postes” y así tener Ávila a nuestros pies, os será difícil evitar que un reguerillo de babas caiga por la comisura de la boca.

Un poco de historia, Toledo, para consolidar la guerra, que estaba en sus inicios, convoca a las ciudades afines a la causa comunera en la catedral de Ávila el 29 de julio de 1520 en Santa Junta con la intención de  conseguir la anulación del impuesto aprobado en La Coruña, entregar los cargos públicos y beneficios eclesiásticos a los castellanos, evitar la salida de dinero de Castilla y designar a un castellano para dirigir el reino en ausencia del rey.


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Por el retrovisor puedo ver la silueta de las murallas y las montañas, la carretera se endereza entre pinares y campos de cereal. Entramos en la llana e infinita meseta castellana, Cardeñosa, Hernansancho, Tiñosillos se alinean en una interminable sucesión de rectas. Antes de arribar a Medina del Campo me detengo en Arévalo, si recordáis, aquí se replegó el alcalde de Segovia, Ronquillo, después de un intento por recuperar Segovia para Carlos I. Me refresco en una fuente junto al castillo de Arévalo, me siento a la sombra y disfruto de la visión de esta coqueta y perfectamente conservada fortaleza, como curiosidad presenta forma de flecha, es decir un baluarte, siendo el primero en Castilla. Los ríos Arevalillo y Adaja sirven de foso natural.


A varios kilómetros de la Villa de Ferias ya se divisa la esbelta torre del homenaje del castillo de la Mota. Con sus 42 metros, orgullosa, ostenta el título de ser la más alta del Reino de Castilla. En la falda del cerro de la Mota, donde se encuentra la fortaleza, tenían los medinenses a buen recaudo  piezas de artillería y armas de la corona. El alcalde Ronquillo, por orden de real se dirige hacia allí con la intención de  disponer de ese potente armamento para utilizarlo contra los rebeldes segovianos. El 21 de agosto, los medinenses alertados, se niegan rotundamente, los realistas provocan un incendio en el centro de la villa con el fin de amedrentar el ánimo del improvisado ejército popular, se les va de las manos y las llamas arrasan gran parte de Medina.

Este hecho tendrá una importancia decisiva en el devenir de la guerra de las comunidades. Numerosas ciudades, que hasta ese momento permanecían expectantes, como Valladolid, reaccionaron con ira contra la corona. La capital castellana radicalizará su posición pasando a ser a partir de ese momento sede principal comunera, relevando en ese papel a Toledo.


La siguiente parada será en Tordesillas. La pista esquiva centenares de hectáreas de viñedos de la denominación de origen Rueda (Valladolid). La orientación es complicada, todas las pistas parecen iguales, las viñas se pierden en el horizonte ocultando las referencias, llevo un gps, pero solo uso waypoints como destinos inmediatos con varios kilómetros entre uno y otro indicándome en línea recta el siguiente. En varias ocasiones me encuentro con que el camino repentinamente desaparece, por acción de los malvados tractores, eso me obliga a dar rodeos buscando alternativas. Entre nosotros, ese tipo de inconvenientes me pone,¡¡¡jajajaja!!!

El viento parece retarme, quiere ir más rápido que yo y tengo que reconocer que a veces lo consigue, por lo menos hoy si. Sopla con violencia, tanta que es imposible mantener en pie el trípode para grabar.


Entro en Tordesilas cruzando el Duero sobre el mismo puente por el que muchos años lo he hecho con una bengala en la mano antes de que Pingüinos abandonara esta villa como sede de la mayor concentración de motos invernal.

A finales de agosto los comuneros llegaron a Tordesillas, se entrevistaron con la reina Juana, que permanecía aquí recluida por su supuesta locura, informándola de la situación y poniéndose a su servicio. La Junta se traslada a Tordesilas  con el fin de proclamarla soberana y comprometerse a usar las armas e ir en auxilio de cualquier ciudad que lo necesite. La reina, que en principio se muestra favorable va dando largas evitando firmar un compromiso que de legitimidad definitiva a las pretensiones comuneras. Nunca firmó.


La pista ancha se estrecha por momentos, en algunos tramos la vegetación llega a ocultar el trazado del camino, hay que andar con precaución, podría haber piedras o agujeros ocultos, le da cierta emoción y diversión en contraste con el sereno y pausado paisaje castellano.


La torre de santa María de Villabrágima me sirve de faro para llegar hasta el lugar donde a primeros de 1520 ocurrió un hecho insólito, Pedro Girón recientemente  nombrado jefe militar de los comuneros., no se sabe si por traición o por impericia militar, alarmado por un movimiento de tropas imperialistas hacia Simancas se desplaza hacia Villalpando(Zamora) desprotegiendo la vía del ejército real hacia Tordesillas, donde estaba la reina Juana, oportunidad aprovechada dos días después tomando la villa. Este desastre tendría gravísimas consecuencias en el futuro.



En pocos minutos cruzo sin detenerme Medina de Rioseco, la ciudad de los almirantes y que fue cuartel general de las tropas realistas.

El sol no da tregua, a primeros de mayo la temperatura supera los 30ºC. Abro todas las cremalleras de mi chaqueta con la esperanza de que el aire que provoco con el ritmo alegre que llevo enfríe el sudor que empapa todo mi cuerpo.

En el castillo de Montealegre no ocurrió nada relevante en esta guerra, sirvió de refugio en alguna ocasión para tropas comuneras. A pesar de la falta de protagonismo de esa mole imponente que se va agrandando según me acerco hasta convertirse en un gigante de piedra, tengo que parar bajo sus inexpugnables murallas sin evitar sentirme insignificante a su lado.



En pocos minutos diviso un nuevo castillo, el de Torremormojón(Palencia). Todos sabemos que los castillos suelen estar en un punto alto para divisar la llegada de tropas enemigas, desde luego, en este se tiene visión de media Castilla, y es que una de las riquezas de esta región es el horizonte infinito.
El 18 de enero de 1521 fue tomado por los comuneros. El pueblo fue saqueado sin piedad por el más radical de los líderes comuneros, el vallisoletano Obispo Acuña. Cura fiero y guerrero a pesar de sus 70 años batallaba a caballo y espada en mano. En la lucha le acompañaban 300 sacerdotes que se dedicaban a dar hostias y de las buenas.


Desde Torremormojón se divisan la torre de la iglesia de la Colegiata de San Miguel y el precioso castillo de Ampudia.
El señor del castillo Pedro de Ayala abrazó la causa comunera. Después de perderla a manos del ejército realista, el castillo fue recuperado por Padilla y el Obispo Acuña el día 19 de enero de 1521.
Acuña supuso un quebradero de cabeza para los intereses imperialistas en Tierra de Campos. Arrasó allí por donde pasó.

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Hoy no hace el calor de días anteriores, el viento, hoy si, refresca. Las pistas son solo para mí. En los caminos de Castilla la sensación de soledad puede por momentos ser muy intensa, quienes no lo conozcáis os invito a que probéis  a recorrer alguno de los paisajes mesetarios en solitario, quizás no ofrezca las emociones de rutas más endureras, esto se asemeja, salvando las distancias a algunos lugares de África.

Sin solución de continuidad me presento frente al castillo de Trigueros del Valle, desde aquí partieron Padilla y Acuña para la toma de la fortaleza de Ampudia.


A primeros de 1521 el avance de los comuneros parecía imparable, enlazaban un éxito con otro, localidades como Mucientes y Cigales  fueron conquistadas con facilidad.

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La ruta nos lleva prácticamente a la entrada de Valladolid, la capital intransigente de la rebelión a partir del incendio de Medina del Campo. Muy cerca, en la localidad residencial del alfoz, el ejército comunero permaneció del 21 al 25 de febrero, acumulando fuerzas antes de acometer el asalto del importantísimo punto estratégico desde el punto de vista militar y anímico, como era el castillo de Torrelobatón. Fue asediado durante cuatro días antes de caer del lado comunero el 25 de febrero de 1521. Plaza muy importante y estratégica al estar a medio camino de Tordesillas y Medina de Rioseco (donde estaban los dos ejércitos contendientes) y muy cerca de Valladolid lo que la convertía en buen lugar para realizar ataques militares. También era muy golosa esta localidad, propiedad del Almirante de Castilla, para los comuneros debido a la conocida enemistad de Padilla con el líder realista.
Esta fue una victoria importantísima que levantó los ánimos y hasta la euforia en este bando y el desaliento entre los nobles.
Padilla cometió un grave error acomodándose aquí y no continuar atacando, muchos de sus hombres se fueron a sus casas aburridos de esperar sus sueldos y algo de acción.
De aquí partieron un 23 de abril de 1521 hacia Toro, a la altura de Villalar fueron alcanzados por la caballería enemiga.
Se acerca el fin.........


Parto de Torrelobatón con una agridulce sensación, la cercanía de alcanzar la cumbre de esta ruta me excita y me entristece por igual. Creedme que, como un buen actor, me meto en el papel, las horas encima de la Derbi me dan para imaginar y visualizar cada momento de la historia que durante estos días he saboreado. Cuando entre espigas aún verdes, veo el monumento levantado en memoria de los que en ese mismo lugar, perdieron la vida por buscar un sueño de libertad, no puedo evitar sentir angustia y melancolía.

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Este texto se puede leer en un cartel “Los comuneros, 6000, salen de Torrelobatón hacia Toro. Las tropas del Rey Carlos I desde Peñaflor les persiguen y su caballería (600 lanzas)
les alcanzan en este lugar, una llanura junto a un arroyuelo cerca de Villalar. La sorpresa, el cansancio, la lluvia y el fango hacen que muchos huyan perseguidos dejando estos campos llenos de armas y cadáveres (unos 1000).
Solo unos pocos lucharon; Padilla derribado de su caballo por Pedro Bazán fue hecho prisionero, al igual que Bravo y Maldonado que al día siguiente fueron decapitados en la plaza de Villalar en presencia de toda la nobleza de Castilla. En Villalar fueron enterrados.”

Y yo añado: “DESDE ENTONCES YA CASTILLA NO SE HA VUELTO A LEVANTAR”


 

Quiero agradecer efusivamente la inestimable ayuda que me ha prestado Enrique Berzal de la Rosa, profesor de historia contemporánea de la Universidad de Valladolid, sin su apoyo habría sido muy difícil dar coherencia a esta ruta.

A Antonio Sanchez, director del Museo de Ferias y cronista de Medina del Campo.

Y al Centro de Interpretación de la Guerra de las Comunidades situado en el castillo de Torrelobatón.