Transpirenaica 2009

EMPIEZA LA AVENTURA - 1ª Etapa

 

 

El tema era que teníamos que cruzar el Pirineo de costa a costa, en cinco etapas, a bordo de las nuevas Derbi Terra Adventure, de tan solo 125cc, siguiéndola clásica Travesía Dos Mares, que va desde el cado de Creus, en Cataluña, hasta Hondarribia, en Euskadi, pasando por Aragón, Francia y Navarra.

Estuvimos deliberando  sobre la posibilidad de que nos siguiese un coche de apoyo, pero dado el carácter de la prueba, decidimos ser autosuficientes y prescindir de él. La aventura es la aventura.

La sorpresa vino cuando desde Derbi nos informaron de que en la primera etapa nos acompañarían nada menos que ¡Pol Espargaró y Joan Olivé!, y en la última Efrén Vázquez. De lujo. También se uniría a nosotros Fernando “RETOR”, un entusiasta usuario de la Terra Adventure, llegado desde Valladolid y activo usuario del foro www.derbiterra125.net.

Todo a punto.

 

                                                                   EN MARCHA

 A las 8h00 del lunes nos encontramos en la factoría de Derbi con Sandra, Retor (que había dormido en su furgoneta) y los responsables de la marca catalana. Al poco llegaron Pol Espargaró y Joan Olivé, y juntos partimos hacia el norte, con parada en Girona para visitar la enorme tienda del concesionario Derbi en esta ciudad, Basolí.

 

En la fábrica DERBI

 

Unos cuantos kilómetros más hacia el norte y llegamos a Port de la Selva, en el precioso cabo de Creus, el punto de partida de nuestra etapa y también de nuestra aventura.

 

Port de la Selva

 

Entre el largo viaje desde Derbi hasta aquí, la visita al concesionario y las pertinentes fotos se ha hecho tarde y hay que despabilar….

¿Alguien dijo despabilar? Vamos con dos acompañantes  que solo están esperando que alguien dé la señal para salir disparados.

 

Pol Espargaró y Joan Olivé, preparados.

 

Subimos hacia el impresionante monasterio de Sant Pere Roda, por una empinada, estrecha y bacheada carretera, y veo por el retrovisor  que los mundialistas están ansiosos. Como no sé a que ritmo quieren ir, los dejo pasar y pronto me queda claro que quieren ¡guerra!

Ascendemos a todo lo que dan las Derbi, ellos abriéndose camino con codos y pies, como si de una carrera del mundial se tratase.

Unas risas y fotos en lo alto y descendemos  por el otro lado de la montaña. Ahora ya sé lo que quieren…. pues ¡caña!.

Bajamos estrujando a fondo los motores de las Terra, siempre con los dos jóvenes pilotos pegados a mí, hasta que en una recta veo a Joan salir de mi rebufo absolutamente planchado sobre el depósito de su moto y a Pol detrás de él, como si de carrera de GP se tratase. Me dedico a ser espectador de lujo, viendo a este par de pilotos divertirse.

Un poco más atrás vienen Sandra y Retor, se lo toman con más calma, quieren volver sanos y salvos a casa. Aun quedan muchos kilómetros hasta Hondarribia.

 

 

Después de comer nos despedimos de los dos pilotos mundialistas y Sandra, Retor y yo seguimos ruta hacia el este, en dirección al lago de Banyoles.

 

 

Unos instantes en la relajante orilla  del lago y proseguimos camino hacia Santa Pau, bellísimo pueblo medieval y puerta de entrada al parque volcánico de Olot. Aunque vamos muy apurados de tiempo decidimos internarnos un poco por las pistas volcánicas del valle, de varios tonos, que van desde el gris hasta el rojo.

 

 

 

 

                                                                                        APURANDO

Desde Olot hasta Ripoll preferimos la ruta bella y deportiva a la más rápida, y nos vamos por el puerto de Santigosa y su divertida y revirada carretera. En Ripoll, cuna de la lengua catalana, y que cuenta con uno de los más espectaculares monasterios de Península, hacemos un alto, porque es tarde, estamos cansados y llueve. Hemos dejado el Prepirineo y estamos de nuevo en el Pirineo. Tras un café, nos enfundamos los trajes de lluvia y arrancamos.

 

Ascendemos el mítico puerto de Tosses ya de noche y lloviendo. Dejamos la ancha carretera del puerto y ascendemos a la Molina por la estrecha pista de Tosses, ahora asfaltada (nos encontraremos muchas pistas que han sido asfaltadas), mientras nieva suavemente.

La visibilidad es muy limitada, y el intenso frío, la nieve y la falta de tráfico -no hay nadie- incrementan la sensación de aventura. Se agradece ir acompañado, porque la impresión de soledad y de lugar inhóspito, de noche y en estas condiciones, es muy elevada.

 

En lo alto de La Molina, a 1800m, hay mucha nieve  y el frío es intenso, claramente por debajo de los 0º C. Hemos pillado la semana de los famosos temporales de nieve, que no nos dejará hasta llegar al Cantábrico.

Descendemos por La Molina hacia Puigcerdá, con las manos y los pies congelados.

 Puigcerdá, ciudad turística tanto en verano como en invierno, está casi desierta a estas horas. ¿O será por el frío?.

 Encontramos un acogedor hotelito en el casco antiguo donde podremos darnos una ducha caliente y tomar una reparadora cena; estamos nosotros solos.

 

 

 Son las diez de la noche y estamos muy cansados, y mañana, aunque todavía no lo sabemos, nos espera una etapa muy dura.

 

 

 

 

2ª ETAPA: PUIGCERDÀ –RIALP (297 KM)

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Año de nieves, año de bienes… Si se cumpliera este dicho popular, este 2009 sería la bomba. Nunca había visto tanta nieve, y nunca había dado la vuelta tantas veces por culpa de ella. Cosas de la aventura…

En la etapa anterior, con todo el preámbulo de la salida desde la fábrica de Derbi hasta la Costa Brava, la visita al concesionario de Girona, las fotos con los pilotos, etc., se nos fue al traste toda la previsión de horarios y tuvimos

que improvisar parte de la ruta, recorriendo la mayoría de los kilómetros sobre asfalto -eso sí, por carreteras de montaña- y a toda castaña para recuperar tiempo. Sería a partir de la segunda jornada cuando empezaría realmente nuestra aventura, pero no imaginábamos hasta qué punto lo llegaría a ser… Desde Puigcerdà partimos sobre las 9.00 h en dirección a Bourg-Madame, en Francia, para entrar a Andorra por el puerto del Pas de la Casa. No pensábamos encontrarnos el pastel que hallamos... En el acceso al Pas comenzó a nevar, y la temperatura empezó a bajar rápidamente; la parte alta del puerto

 

                                                               

 

no se distinguía, entre las nubes y la nieve que levantaba el viento, pero decidimos arriesgarnos. Sandra, Fernando y yo nos pusimos los trajes de agua, y ¡allá vamos!. Conseguimos alcanzar el collado -situado a 2.100 m de altura- con lentitud, a nada menos que -7º C, y con viento y nieve a destajo. Unas fotos rápidas -porque esto no hay quien lo aguante- y para abajo. El descenso lo hicimos con mucha precaución, pues había abundantes placas de nieve y hielo en el asfalto. Sandra, que lleva la cámara de vídeo en su moto, va grabando la etapa. No le gusta nada la nieve…

 

 

 

 

Andorra nos recibió bulliciosa, como siempre, y nos llevó un buen rato atravesarla.  Ascendimos hacia el pequeño pueblo de Os de Civis para coger la pista que va desde esta localidad hasta Tírvia, para desde allí alcanzar el valle de Arán. Tras algunos kilómetros de ascensión por esta pista, moviéndonos entre barro y nieve, la realidad se impuso y tuvimos que dar media vuelta; el exceso de estos elementos, unidos a nuestros neumáticos, muy asfálticos, convertían cada metro en una tortura y un peligro, además de movernos con una lentitud exasperante, así que decidimos alcanzar Vielha por otras vías. Desandamos lo andado y salimos de Andorra por la Seu d’Urgell, y a través del puerto del Cantó llegamos hasta Llavorsí. En los 50 km de  dicho puerto la nieve fue habitual compañera, pegándose a nuestras viseras y parabrisas. Comimos en Sort, al lado de la famosa administración de lotería de La Bruixa d’Or,  y seguimos camino hacia el norte. En Esterri pretendíamos alcanzar el valle de Arán por la pista que lleva de Alòs d’Isil hasta Baqueira Beret, pero al igual que en Andorra, poco nos duró la alegría; al cabo de una media hora de pista y de esquivar algunas placas de nieve, éstas aumentaron en grosor y longitud hasta ser inviables. Probé el grosor a pie y me hundí hasta

las rodillas. Media vuelta de nuevo…

 

 

 

No hay dos sin tres

Estamos bastante cansados, puesto que llevamos un montón de horas sobre las motos en condiciones difíciles, pero queremos alcanzar Vielha esta noche y nos dirigimos al puerto de la Bonaigua, nuestra última opciónpara entrar en el valle de Arán. A medida que ganamos altura también crece la de la nieve, que tiene un grosor considerable.

Empieza a nevar de nuevo, cada vez con mayor intensidad, y el frío comienza a mordernos manos y pies. Nos cruzamos con una máquina quitanieves cuyo conductor nos hace un gesto como diciendo “la que os espera allí arriba…”.

 

                                           

 

Así es. Hacia la cota 2.000, la nevada se intensifi ca y también la nieve sobre el asfalto. La visibilidad es muy baja, y el frío, tremendo. Cruzamos unas cuantas placas de nieve y hielo con cautela, pero cada vez son mayores y la nevada va en aumento. Sufro por Sandra que, valiente como siempre, no se queja, pero la realidad es que seguir así es demasiado

peligroso, porque lo que viene parece aún peor. La realidad se impone de nuevo, y dar la vuelta por tercera vez es lo razonable, aunque decepcionante… ¡Y pensar que hace tan sólo una semana el tiempo era espléndido! La sensación de frustración, unida al cansancio, nos deprime.

Cae la noche y alcanzamos Rialp, pueblo por el que habíamos pasado varias horas antes, de subida. Son las 22 horas, estamos cansados, con hambre y con frío. Es hora de parar, cenar y descansar…

¿Qué nos espera mañana? De todo, como ya veréis…
 
 

3ª ETAPA: RIALP – BROTO (305 KM)

 

Con mucho retraso sobre los horarios, realizamos una etapa larga y a toda castaña para recuperar tiempo, aunque eso no nos impidió visitar pueblos y lugares impresionantes, y… reencontrarnos con la nieve.

 

Nos levantamos algo más animados que la noche anterior, después de la frustrante etapa en la que tuvimos que dar la vuelta en repetidas ocasiones debido a la gran cantidad de nieve, que además nos obligó a cambiar nuestra ruta

original. El problema es que hoy tocará correr para recuperar el tiempo perdido… Tras un rápido desayuno nos ponemos en

marcha y alcanzamos La Pobla de Segur, pueblo natal del futbolista Carles Puyol –no están orgullosos allí, ni nada…–. Al poco de salir de esta población nos paramos en un bello congosto y sacamos algunas fotos. En la alta pared cercana divisamos un animal, que Sandra piensa que se trata de una cabra salvaje… hasta que se va volando (¿las cabras vuelan?). En realidad se trata de un buitre enorme que nos obsequia con un par de pasadas sobre nuestras cabezas antes de desaparecer. Nos vamos, que llevamos prisa… Pues no, resulta que no nos vamos; la moto de Sandra no quiere arrancar, como el primer día en Ripoll. Desmonto la bujía y observo que da buena chispa, ergo se trata de un problema de

gasolina, y sospecho que es simplemente una suciedad en el carburador. Tras insistir un buen rato, conseguimos ponerla en marcha, y ya no dará más problemas en todo el viaje. Parece que lo que necesitaba era caña…

Pronto alcanzamos Pont de Suert y entramos en la provincia de Huesca. Más adelante, Castejón de Sos nos lleva al valle de Benasque, rodeado de los impresionantes picos de Maladeta, Posets y Aneto, con alturas que van desde los 3.200 hasta los 3.400 m de altitud. Seguimos camino hacia el norte, para adentrarnos por las pistas de los Baños de Benasque, mientras nieva ligeramente y hace un frío de narices, pues estamos a unos 2.000 m de altitud. Pero nuestra relativa alegría dura poco; otra vez, la abundante nieve corta la pista, y aunque conseguimos cruzar un par de anchas y resbaladizas placas con cautela, llega un punto en que el grosor las hace infranqueables. Pena… y para abajo de nuevo.

Por las rectas que llevan a Castejón de Sos y al impresionante congosto del Ventamillo, buscamos la velocidad punta de nuestras Adventure; por si alguien se ha olvidado, nos movemos sobre dos pequeñas-grandes 125 cc. Agachados tras el parabrisas, llegamos a ver 125 km/h. Nada mal, ¿no? Los cruceros que alcanzamos en carretera están alrededor de 100-105 km/h, lo que permite desplazarse con agilidad. La comodidad de las Derbi es excelente y no da ninguna pereza realizar largos trayectos con ellas.

Como –para variar– vamos fatal de tiempo, nos dirigimos hacia el sudoeste a toda castaña, bajando el bello congosto del Ventadillo a todo lo que dan las Derbi –lo que se puede llegar a disfrutar con una 125 si la dejas correr– por una zona de curvas de la N-260 (¡qué bonita es la N-260!), de camino a la medieval Aínsa, a la que llegamos a la hora de comer. Visitamos el amurallado casco viejo y nos dirigimos hacia el norte para explorar el cañón de Añisclo. Como tantas otras pistas pirenaicas, la del cañón hace ya años que fue asfaltada, aunque conserva tanto el trazado como la anchura originales y es sencillamente espectacular, ya que transcurre entre estrechas y altísimas paredes, surcadas de cuevas, con el río rugiendo a su paso.

 

¡Crash!

 

Al llegar por la pista al pequeño pueblo de Fanlo, el tiempo empeora, empieza a nevar, y nos decidimos por lo seguro: damos media vuelta –algo a lo que ya estamos habituados–. En el cruce de la carretera de Aínsa a Francia hago el ceda el paso correspondiente, pero recibo un fuerte impacto por detrás que me tira al suelo. El manillar cae duramente sobre mi pie

derecho y me hace ver las estrellas. Aún desconcertado, observo que Sandra también anda por los suelos, ¡ha sido ella quien me ha dado! Se ha despistado –ha pensado que yo no pararía– y no ha frenado. Compruebo que Sandra está bien –le duele un poco un dedo de la mano– y levantamos las motos, que apenas han sufrido daños. El más visible es la maneta de freno de la mía –que se ha roto– y la dirección ligeramente torcida. La moto de Sandra apenas tiene unos ligeros arañazos.

Tengo dos dedos del pie como morcillas y decidimos ir a Aínsa para que los revisen manos doctas. En el Centro de Salud hay tan sólo unas veteranas doctora y enfermera muy aburridas, que se alegran de tener un motivo de distracción. Me fi jan

los dedos con esparadrapo, con la recomendación de que vaya a Huesca a hacerme unas radiografías.

Valoro el percal: Huesca queda lejos de la ruta y, si los dedos están rotos (tienen toda la pinta) y me los inmovilizan con yeso o férulas, se acabó el viaje. Como el dolor es soportable, decidimos seguir adelante con los esparadrapos y el ibuprofeno.

En Derbi nos pusieron un puñado de recambios básicos y algunas herramientas, así que vamos a cambiar la maneta rota

y a enderezar la dirección. Busco entre abundantes manetas, puños y palancas y… ¡ninguna maneta de freno! Vaya por

Dios… Aún queda media palanca, así que acabaremos el viaje así. En las herramientas, otra vez la ley de Murphy: ninguna llave Allen que corresponda con las de las pletinas de dirección. También se queda como está; a todo te acostumbras…

 

Oscurece y nos dirigimos hacia Broto, a unos 50 km. Llevo un rato con la luz de reserva encendida, esperando encontrar una gasolinera, pero los kilómetros pasan y no aparece ninguna. Llegamos a Broto ya de noche, con el cuentakilómetros de la Derbi que indica 249 km desde el último llenado. No está nada mal… Repostamos las motos y buscamos dónde cenar y dormir. Mis dedos parecen chorizos de Cantimpalo, azules e hinchados, pero seguro que mañana ya estarán mejor…, ¿no?

 

DADME UN POCO DE TIEMPO Y CUELGO EL RESTO DE LA RUTA